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El maratón es un gran maestro

Columna Vero Velázquez 14-10-2016

Las últimas semanas han sido muy emocionantes para los corredores y más aún para los maratonistas. En el más reciente trimestre del año se llevan a cabo maratones importantes alrededor del mundo, que son codiciados por diferentes características: por su recorrido escénico, por la ciudad donde se realizan, por su impecable organización o por su ruta plana y rápida que los convierte en los favoritos para clasificar al maratón de Boston.

En septiembre vivimos la emoción del maratón de Berlín, el que tiene la ruta más rápida, donde siempre hay expectativa de nuevo récord mundial en la distancia. Después, el fin de semana pasado se llevó a cabo el de Chicago, uno de las competencias internacionales con mayor participación de mexicanos y con fama de un gran ambiente en los espectadores.

Estas dos competencias forman parte de los seis ‘World Marathon Majors’, que se caracterizan por su magnitud. Son la sexteta de eventos de mayor relevancia a nivel mundial en esta distancia y año con año captan la atención, al menos de los corredores a nivel global.

Dentro de unas semanas más viene el último ‘major’ del año, el Maratón de Nueva York, el más grande de los seis.

Si usted es corredor, sabrá que llegar a estas competencias requiere de muchísimo esfuerzo. No sólo por la planeación del viaje, sino por el gran trabajo que hay detrás para llegar preparado a una competencia de tal magnitud.

Para mí, el maratón no son los 42.195 kilómetros que se corren el día de la carrera, sino los cientos que se entrenan, los obstáculos que se sobrepasan, las lesiones que se superan.

El maratón requiere una preparación de al menos seis meses antes, las alarmas en la madrugada y las muchas carreras antes de que salga el sol. Es la capacidad de organizar el tiempo con un compromiso adicional al trabajo y la familia, es también la constancia y perseverancia necesaria para tener la preparación adecuada para llegar a la meta. También es todo lo que se hace muchas semanas antes de cruzar a esa meta.

He tenido la oportunidad de vivir la experiencia de prepararme para varios maratones, también he vivido la frustración de una lesión, la desidia y el cansancio, las ganas de correr y las ganas de no correr. Y si usted nunca lo ha vivido, se lo recomiendo.

El maratón es un gran maestro y se puede aprender tanto como se quiera. Puede ser una hermosa forma de conocernos a nosotros mismos y de reconocer de qué somos capaces. Puede ser también lo que nos acerca a grandes personas o lo que nos recuerde la importancia de quién es importante en nuestras vidas. El maratón enseña sobre prioridades.

Especialmente estas semanas, he visto de cerca la emoción de los maratones, aun sin correrlos. He podido ser testigo de la disciplina y las frustraciones de mis amigos maratonistas, la alegría de lograr una meta o la tristeza de no haber alcanzado algún objetivo en específico. Ser un espectador de maratón también es muy emocionante.

Mi admiración y respeto a quienes han llegado a la meta de los 42 kilómetros este año y mucho ánimo para todos los maratonistas que se preparan para las últimas competencias del 2016.

Y si usted todavía no tiene esta experiencia palomeada, lo invito a que lo planee como propósito para el 2017. ¿Le parece bien?.