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El mejor… Él no lo sabe

Columna David Faitelson 16-06-2017

Algo extraño parecía suceder en cierto sector de la tribuna del Estadio Azteca mientras la noche consumía el domingo mexicano de clasificación para Rusia 2018. El publico, de pie, coreaba y alentaba su nombre. El del mismo jugador que en algún momento de la historia no muy lejana acaparaba los abucheos y la recriminación de los aficionados por su poca reciprocidad para la Selección Mexicana era, finalmente, reconocido como el futbolista que podía marcar la diferencia.

Carlos Vela no lo sabe aún y quizá nunca tenga la capacidad para entenderlo y para aceptarlo, pero es mejor, mucho mejor que los demás.

El gol que marcó ante Estados Unidos corrobora cuantiosas teorías que siempre le han acompañado en una carrera que pudo haber despegado desde el día en que fue el campeón de goleo del Mundial infantil del 2005 y desde el momento en que Arsene Wenger y el Arsenal lo señalaron a él como el futbolista elegido para convertirse en una estrella del nivel más desarrollado del futbol europeo.

“Cuando llegó a Chivas, lo tenía todo”, cuenta Néstor de la Torre. “Técnica, velocidad, potencia, arranque en corto, disparo, precisión, inteligencia. Una joya. Sabíamos que no iba a durar mucho tiempo entre nosotros”.

Luego pasaron muchas cosas. A Carlos Vela lo ‘traicionó’ su propia mente y de paso descompuso alguno de los planes que el futbol parecía tener destinado para él. El Salamanca, el Celta, el Osasuna y el West Bromwich. El Arsenal esperó y esperó pacientemente a que su carrera detonara en el nivel que sus entrenadores y expertos de cancha vaticinaban. Eso nunca pasó. La paciencia del club ingles se agotó. Y Vela encontró el mejor refugio en un equipo de media tabla hacia arriba en el futbol de España. Ha jugado en los últimos seis años en la Real Sociedad y ha sido un indiscutible del cuadro vasco, un club que parecería corto para sus características y dimensiones como futbolista, pero que encierra el dilema de su vida y de su carrera. Su amistad con el hoy delantero del Atlético de Madrid, Antoine Griezmann, con el que compartió cancha, vestidor y algunos conciertos. “Vela es mucho mejor que el francés”, me decía un periodista español. “La diferencia no está en las piernas. Está en otro sitio”.

¿Qué hay detrás de esa sonrisa del chico de Cancún que alguna vez confesó que no le apasionaba el futbol? ¿Qué hay en el andar de Carlos Vela, escondido detrás de Guillermo Ochoa, mientras la cámaras de televisión en el Aeropuerto de Kazán intentan captar alguno de sus gestos? ¿Qué escondes, Carlos? ¿Dónde está tu mente, tu personalidad, tus verdades, tus miedos?

El domingo, una semana después de haber enfrentado a Estados Unidos en un choque eliminatorio de la zona de Concacaf, México probará ‘otro nivel’ futbolístico cuando debute en la Copa de las Confederaciones ante el Campeón de Europa, Portugal, y ante quien la crítica considera hoy en día el mejor futbolista del mundo, Cristiano Ronaldo. Y Carlos Vela será una de las pocas referencias de ese futbol que México pretende, el de las ‘Grandes Ligas’, el de la élite del futbol, el del siguiente nivel de competencia.

Carlos Vela no lo sabe, o quizá no quiera saberlo, pero él es mejor, el mejor de una generación al que algunos llamamos ‘dorada’ y que terminó matizada en el reproche de lo que pudo haber sido y no lo fue.