El mundo Azul
Siempre pensé que un entrenador con el perfil de Tomás Boy era lo que le faltaba probar al Cruz Azul. Más allá de los números del técnico, la directiva de La Máquina nunca había apostado por un personaje incendiario, con discurso rápido, sin diálogo político, de carácter fuerte y un tipo para muchos engreído y para otros divertido. Es decir, un entrenador que diga abiertamente lo que piensa y que critique sin miramientos a sus jugadores o dirigentes.
Sin embargo, a este Tomás las formas lo cambiaron un poco; ante la palestra que representa a nivel nacional el equipo celeste, él le bajó bastante al mismo personaje que había creado. Quizá porque las cosas no le han marchado como deseaba o probablemente porque en verdad la presión que sufren las mismas paredes de La Noria por ósmosis te convierten en la persona que en realidad no eres.
Cualquiera que sea la razón da lo mismo, porque Cruz Azul sigue destrozando nuestra capacidad de asombro.
Lo del sábado pasará al librero de los momentos más inverosímiles en la historia del futbol mexicano. Que te saquen un 3-0 de la forma en que se lo arrancaron al cuadro cementero, sólo le puede pasar a un equipo que tuvo el campeonato en sus manos y al que un portero le remata a la desesperada en el último centro, y para colmo el balón lo desvía un jugador propio y culmina en el fondo. Eso es Cruz Azul, penuria interminable, incomprensible, repleto de karma para un club que supo en muy poco tiempo generarse su historia de gigante y que acumuló fieles por todo el país. Un conjunto lleno de virtuosos que creaban escuela y llenaban estadios. Una institución modelo que procuraba el buen trato al balón y el respeto absoluto al juego. Eso era Cruz Azul, de eso ya poco queda, sólo la camiseta y los añejos que los vieron campeones constantemente.
Dos años sin clasificar son demasiados para un equipo que en diciembre cumplirá 19 años sin vuelta olímpica en Liga y para como va este plantel, no se antoja que puedan cortar la racha maldita que aqueja a todos los que llegan a Xochimilco.
Porque si ahí adentro lograron ‘descafeinar’ las ínfulas y maneras de Tomás, entonces en el Azul son capaces de todo, bueno, casi de todo, porque con lo del título nomás no.