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El mundo sin cerveza

Martinoli 06-11-2017

Caixinha, con sus métodos de trabajo ‘excesivos’, fue presa de una campaña local durísima para que dejara el puesto como entrenador de Santos. Se fue siendo campeón, llegando por la ventana a la Liguilla, pero solventando de manera casi perfecta la fase definitoria del certamen. Cierto es que estuvo cerca de sucumbir en una Final increíble ante Querétaro, pero terminó dando la vuelta olímpica.

En La Comarca los que trajeron y defendieron al lusitano de inicio fueron los mismos que lo liquidaron desgastados por el entorno.

Santos ya venía dedicándose a monetizar el club desde adentro, al vender en estampida a sus figuras temporada tras temporada, porque la opulenta y poderosa mano de la cervecería dejó el futbol y por ende orilló a los nuevos inversionistas, mucho más ‘mortales’, a poner en juego su propia plata. Se cerró la llave sin fin del monstruo de la cebada y, por ende, Santos inició una autogestión mucho más discreta y apretada.

La sana costumbre del protagonismo y el juego espectacular estaba claro que con Chepo no lo buscaban, sino que deseaban ordenar su producto desde atrás. El cabildeo tan característico de la entidad verdiblanca, que en algunas ocasiones rozaba la prepotencia en sus relaciones interclubes y mediáticas, fueron dando tintes de que lo de afuera se escurría hacia al campo y el proyecto deportivo se fue sosteniendo con alfileres, descendiendo en las estadísticas, alejándose del protagonismo y orillando al público a ausentarse de uno de los grandes orgullos que posee la parcialidad lagunera.

Santos está otra vez fuera de la Liguilla con un plantel, en el papel, atractivo y de potencial. No obstante, las cosas hoy están más cerca del inicio que tuvo este equipo en Primera, hace unas décadas atrás, que del vibrante y excelso pasado no tan lejano cuando los goles, la gloria, las estrellas, el juego, los llenos y los títulos eran una cotidianidad envidiable para cualquier franquicia del país.

Una pena que hoy este club viva así. Se nota que se fue la cerveza y se acabó la diversión. Todo con medida.