El producto prohibido
Los ‘vientos de cambio’ que amagaban con llegar al futbol han tomado, nuevamente, otra dirección. El Comité que fue creado por los propios clubes ha recibido certeros golpes bajo la mesa y algunas puñaladas por la espalda. La televisión abierta pretende un nuevo contrato por derechos de transmisión y explotación comercial que se extendería por los siguientes cuatro ciclos mundialistas: ¡16 años! Sin licitación, sin consulta, sin análisis, sin repartición y sin la oportunidad de que el aficionado sea el más beneficiado. Los tiempos que propone México como país están cada vez más lejos de los tiempos que propone el futbol como negocio.
El futbol mexicano no parece tener intenciones de cambiar. Ni en la cancha ni fuera de ella, donde los tiempos proponen una apertura y una transparencia que no esta dispuesto a afrontar.
La licitación por los derechos de transmisión televisiva y de explotación comercial de la Selección Mexicana de futbol podrían haberse diluido. Según fuentes, el Comité que fue creado por la asamblea de dueños para gestionar el proceso ha sido vulnerado, mientras la FMF y Televisa negocian en ‘lo oscurito’ un acuerdo que extenderá su relación hasta por cuatro ciclos mundialistas. La televisión abierta, que históricamente ha controlado al futbol
mexicano, se niega a compartir un producto estelar —la Selección— de la que se sienten ‘amos y patrones’. A través de los órganos directivos de la propia FMF —que ellos mismos controlan— han dado un freno en seco a las intenciones del Comité de abrir y buscar que la Selección Mexicana termine en manos del mejor postor.
Televisa y su socio, TV Azteca, quieren firmar cuanto antes el nuevo acuerdo. Amenazan con la activación de cláusulas inexistentes y leoninas. Tienen prácticamente ‘secuestrado’ al Comité. Uno de sus miembros más activos — el club Santos— ha dado marcha atrás en las últimas horas. Decio de María, presidente de la FMF y ‘empleado’ del grupo, ha contribuido en la situación y no ha suministrado los contratos ni la información para que dicho Comité pueda hacer una evaluación correcta de la situación para darle certeza y transparencia al proceso.
La presencia de nuevos competidores no ha servido para abrir y esparcir las transmisiones televisivas de la Selección Mexicana de futbol. El nuevo contrato que propone el grupo en el poder incluye, además del Mundial, juegos amistosos, eliminatoria, Copa Oro, Copa América, Copa Confederaciones y todo, en lo absoluto, todo lo que implique la explotación comercial del equipo representativo del futbol mexicano. Televisa pretende un ‘carro completo’ justo en una época donde el país parece dirigirse hacia otra dirección.
El Comité, integrado por Pachuca, León, Tigres, Monterrey y Santos, habría planteado la necesidad de escuchar y discutir sobre ofertas de nuevas plataformas. La oportunidad de que la Selección Mexicana tenga, además de una plataforma abierta y gratis, otras más que le signifiquen ingresos y diferentes opciones para el televidente. Otros ‘competidores’ que prácticamente por la fuerza han logrado meterse a la industria del futbol están hoy con los brazos cruzados. El futbol mexicano no parece dispuesto a dar ese paso.
Mantener el control de la Selección —la ‘joya de la corona’— por otros 16 años —después del Mundial del 2018— parece atentar contra los vientos de cambio que no sólo propone el futbol, también México, como un País, urgido de democracia, transparencia, apertura y convicción de que se esta luchando contra la corrupción. El futbol pretende, como siempre, tomar otra dirección.
Emblema del despotismo
El ‘producto prohibido’ y al mismo tiempo un monumento al despotismo.
Eso ha sido históricamente la Selección Mexicana para el futbol mexicano y para los intereses y los poderes que rodean a este futbol. Y cuando ese ‘poder’ se ha visto, de alguna forma, amenazado o vulnerado, han reaccionado de la forma más dramática y virulenta. Me vienen a la memoria algunos de esos lúgubres episodios: Un ‘golpe de estado’ federativo donde Marcelino García Paniagua se daba el lujo de romper los
contratos y declararlos ‘legítimamente’ ilegales en aquella estrecha y calurosa oficina de las calles de Abraham González. O quizá el episodio máximo de la lucha por los intereses del futbol mexicano: la imagen de Emilio Maurer, el único hombre que logró llevar a la Selección a una pantalla de televisión diferente a la del poder, en la crujía 11 del Reclusorio Oriente de la Ciudad de México. Aquello era una poderosa advertencia. La Selección es un producto prohibido, intocable.
Algunas cosas, finalmente, han cambiado en los últimos años dentro de la estructura de administración y manejo de futbol mexicano. La cúpula del poder se ha permitido algunas ‘concesiones’, pero jamás algo que le signifique perder o compartir el control del equipo que representa al futbol mexicano. En la década de los noventa, se vio en la necesidad — forzada totalmente— de aceptar a un nuevo socio que por años le había competido sin tener el acceso a la Selección Mexicana. Y lo acogió compartiendo derechos, pero de ninguna manera de una forma equitativa. Quien tomaba las decisiones importantes y tenía la ultima palabra era siempre el mismo grupo.
La Selección es la ‘joya de la corona’, el producto que mejor se vende en México y en Estados Unidos, una plataforma para mantener ‘caliente’ la pantalla con altos niveles de audiencia televisiva y una forma de amasar poder, influencia, como no lo logra ningún otro personaje o acontecimiento en la vida de un país como México. Cualquier insinuación que signifique perder ese control, genera nerviosismo y ansiedad en los altos mandos del futbol mexicano.
Pero México ha promovido un cambio como nación en las últimas tres décadas, una transformación que debe conducirnos a una mayor democracia, apertura, transparencia y una oportunidad equitativa para los mexicanos en todos los sectores de su vida. El futbol es sólo un pasatiempo, un entretenimiento, una actividad lúdica, trivial, perogenera tal pasión que aquel tiene su control, adquiere una enorme influencia en muchas esferas que van más allá del futbol. Supongo que esa es la seducción que implica la Selección Mexicana, sobre todo, para empresas dedicadas a la comunicación. La Selección no sólo te permite vender y vender bien,también actúa como un elemento que puede controlar y manipular masas, definir ciertas tendencias, comportamientos y actuar como un distractor. Los aparentes ‘vientos de cambio’ que plantea el futbol mexicano han propiciado que algunos clubes levanten la mano para exigir un manejo diferente, una mayor apertura que le permita a la Seleccion diversificarse, obtener más ganancias y potencializarse aún más en su trascendencia comercial. Pero los viejos hilos del poder no permiten la apertura del tema. Amenazan, censuran, boicotean y utilizan todas las herramientas que tienen a su mano —incluyendo el control casi permanente de la Federación Mexicana de Futbol— para sostener su dominio y supremacía.
Cambiar, transformar o revolucionar nunca ha sido fácil, sobre todo cuando se ha mantenido el control durante tantos años, pero ha llegado el momento donde, de manera inteligente, el grupo que tiene ese poder debe repartirlo un poco más. La Selección Mexicana es un símbolo de ese despotismo. No puede mantenerse siempre bajo el mismo mando. Puede y debe descubrir nuevas sensaciones que le transformen en un mejor elemento para los consumidores —aficionados— y en un mejor negocio para los participantes de la industria.
El ‘producto prohibido’, en eso se ha transformado la Selección Mexicana. También en un emblema del poder absoluto, intocable, de la nula transparencia y la corrupción que agobia históricamente al futbol mexicano.