El señor de los triángulos
Ser el noveno y postrero hermano puede ser un acto de supervivencia familiar, una prueba de resistencia al anonimato dentro de una masa ya hecha que tomó lugar con anterioridad y que posiblemente maneje jerarquizaciones internas.
Se entra en una dualidad existencial importante que podría llevarlo a ser el menos cuidado de todos o el más consentido de la manada. Una lucha incesante en busca de un lugar, de reconocimiento y respeto. Eso parece fue lo que hizo Aloysius Paulus Maria van Gaal, ‘Louis’, el último de la fila.
El eslabón final de una familia católica que cada domingo no faltaba a la iglesia. El engranaje definitivo que cerraba la máquina hogareña diseñada a la perfección. “Todo en mi casa estaba organizado, uno de mis hermanos hacía la mesa, otro lavaba los platos, a mí, por ejemplo, me tocaba ir por el costal de papas y pelarlas, piensen en eso, pelar papas”, describe en su autobiografía.
Bernardus, su padre, un prominente empresario que supo liderar una empresa de petróleo y energía, les dio una vida acomodada y tranquila en Watergraafsmeer, la periferia de Amsterdam, Holanda.
“Mi padre era un líder, que sabía escuchar a los demás y tomaba difíciles decisiones por el bien de la compañía, aunque a algunos no les gustaran”. Cuando el más pequeño de la casa tenía seis años, el patriarca sufrió un ataque al corazón que lo dejó muy disminuido; murió cinco años más tarde. Desde aquel momento Gertruida, la abnegada madre, tomó todo el rumbo de la familia. “Amo a mi mamá, ella me enseñó los valores de la honestidad, respeto, la fidelidad y la disciplina que me dejaron un fuerte sentido de responsabilidad”.
Louis necesitaba aire fresco, salirse todas las tardes de la masificación casera y dicha libertad la encontraba corriendo con sus amigos detrás de una pelota por las calles. Soñaba con jugar en el Ajax, porque además vivía muy cerca del viejo estadio De Meer, donde este club fungía de local.
No era ningún fenómeno con el balón, pero su mentalidad lo era todo. Quería ganar siempre y no sentía cansancio, le gustaba ordenar a sus compañeros y siempre hablaba de formas para mejorar el juego colectivo. Además asistía con toda su familia al club social y ahí practicaba beisbol, era catcher, gimnasia y tenis. Con 17 años sacaba dinero jugando cartas, formaba parte del equipo juvenil del Ajax y estudiaba educación física. “Me ayudó a pensar de manera abstracta. Tuve clases de pedagogía, psicología y filosofía, de ahí le copié mi lema a John Locke: ‘El espíritu es más fuerte que el cuerpo’”, sigue contando en su libro.
Van Gaal como futbolista estaba convencido de que podía ser tan bueno como Cruyff; sin embargo, el esférico le gritaba otra cosa; nunca pudo debutar con el Ajax, viajó a Bélgica y cuando regresó a Holanda para seguir con su discreta carrera, recayó en el Stormvogels Telstar, el Sparta de Rotterdam y en el AZ Alkmaar.
Guy Thys, mítico entrenador belga le remarcó para siempre una charla cuando el holandés jugaba en el Royal de Amberes. Louis le preguntó: “¿Cómo jugué?”, a lo que respondió el técnico: “Como siempre, lo más lento posible”; Van Gaal, no contento, afirmó: “Pero si con la pelota puedo hacer lo que quiero”, mientras con paciencia el hombre fuerte del vestuario le dijo: “El problema es que jamás tienes la bola”.
Fueron 14 años como profesional y nunca jugó para la selección de su país; sin embargo, el testarudo y obsesionado mediocampista quería seguir ligado al futbol y enseñarle a las nuevas generaciones el deporte que tanto lo apasionaba, fomentar sus valores y sobre todo, la otra de sus máximas. “El juego de equipo está por encima de las individualidades, si un joven o un veterano entienden esa filosofía, jugarán en mi equipo; jugando en equipo, la edad no importa” recordó en una entrevista para FIFA.com.
Van Gaal incrementó las bondades de una de las escuelas más prestigiosas de talento juvenil del mundo y tras varios años se transformó en el auxiliar de Leo Beenhakker durante dos campañas, hasta que éste se fue al Real Madrid, y el club grande de Amsterdam le entregó las llaves.
Gracias a una metodología de trabajo en bloque, de esfuerzos intensos en trabajos de poco tiempo y siete sutiles líneas dentro del campo, de a poco logró hacer historia y curiosamente la generó cuando Dennis Bergkamp, su gran figura, se fue al Inter de Milán, porque ahí sus ideas se liberarían, al no tener la presencia de un marcado crack que le cortara el ritmo a su vertiginosa propuesta de achique y presión arriba. Amante del tradicional 4-3-3 y de su flexibilidad de transformación al posesivo 4-5-1, sistema de triangulaciones infinitas y juego a dos toques, logró que el Ajax debutara a una decena de elementos y se adueñara de Europa. “No dependemos de arranques, ni desbordes, dependemos del juego colectivo, de la táctica de hacer triángulos todo el tiempo para que cada jugador al momento de tener la pelota, como mínimo, obtenga dos rutas de escape, de creación o de juego, independientemente de su capacidad técnica”.
Fue así como Davids, Seedorf, Kluivert, Reiziger, los hermanos de Boer, Finidi George, Bogarde, Litmanen, Kanu, Overmars y Van der Sar, junto a los experimentados Danny Blind y Frank Rijkaard, vieron o encaminaron definitivamente la luz en el futbol grande del Viejo Continente.
Una despampanante elaboración de juego, basada en triángulos escalenos, isósceles y equiláteros, constantes por todo el campo, dúctiles, interminables, eternos, desquiciantes. Triángulos que no tenían defensa porque la pelota siempre corría más que los jugadores y porque sus futbolistas no se cansaban de tener alternativas para la construcción.
Aquel Ajax del 95 fue una muestra de lo que podría lograr un equipo con ideas parecidas y talento superior. Por eso el Arsenal invicto de Wenger o el Barcelona de Guardiola pudieron llevar a la máxima exposición estética lo que el cuadro de Van Gaal mostró con una pléyade de chamacos blindados por dos jerarcas dispuestos al sacrificio táctico.
El Ajax era una caja armónica de ofensiva y posicionamiento, pero también una máquina física desbordante a la que Jorge Valdano, describió, como: ‘La Bella y la Bestia’.
El propio Bergkamp mencionó: “El sistema es la base en los equipos de Van Gaal. Todos son iguales para él. Lo importante es el equipo y la táctica, no los nombres personales”.
Hacia Barcelona fue generando un relato de amor-odio, muy fuerte con el club catalán y todo el mundo culé que lo rodea. Sus maneras agresivas de dirigirse a la prensa y su incansable lucha con las estrellas, sacaban destellos luminosos por toda la Ciudad Condal; “11 títulos con el Ajax contrataron al mejor técnico que podían tener”, soltó de entrada.
El neerlandés llegaba a cada entrenamiento y conferencia de prensa con las armas desenvainadas. Su verificador estilo provocaba que supiera todo lo que se decía dentro y fuera del vestuario, leía cada una de las notas de su equipo y escuchaba los programas de radio de manera atenta. Sabía quiénes y dónde estaban sus “adversarios”. Hizo de Guardiola su líder, su capitán, rompiendo la regla no escrita de que en equipos españoles los más veteranos son los capitanes. “Yo elijo a mi capitán, siempre; quiero que acepten y ejerzan responsabilidades. Pep, tenía 27 años y me dijo que no quería ser el capitán. Terminé la discusión al ordenarle que fuera él, porque era el único ahí que entendía el juego como yo quería. Por eso lo hice capitán y miren dónde está ahora”, recopila Mundo Deportivo.
Tuvo dos etapas en el cuadro blaugrana, donde debutó a Valdés, Puyol, Xavi e Iniesta sobreexponiendo lo que cocinaba La Masía y tuvo como principales afectados a Rivaldo y Riquelme, dos cerebros que le bajaban el ritmo a sus intenciones tácticas.
“Eres malo, muy malo. Interpretación, siempre negativa, nunca positiva”, le gritó en castellano a un periodista holandés que le insinuó haber roto un pacto interno, al borrar a Rivaldo de un partido. “No le gusta que lo contradigan”, lanzó el brasileño.
Mientras que el argentino le contó al programa ‘Animales Sueltos’, cómo fue su primer encuentro con el entrenador de los Países Bajos. “Después de darme la mano en la presentación me llevó a su oficina y en la mesa había muchos cassettes, me dijo: ‘Todos estos tapes son suyos, le quiero decir que usted con la pelota es el mejor jugador del mundo, pero sin la pelota jugamos con uno menos. A usted lo trajo el presidente Gaspart, no yo’”. Después el 10 remató: “Me puso a jugar por la punta izquierda, ahí yo tocaba tres veces la pelota, al segundo partido contra el Racing de Santander, me puse atrás del medio de contención, como siempre me gustó jugar y le metí dos pases de gol a Kluivert. El lunes la prensa, mis compañeros y yo estábamos muy contentos con mi juego, pero llegando al entrenamiento me dijo: ‘Usted es un desordenado’. Al mes ya era suplente. Igual me ayudó porque fue honesto conmigo”.
Luis Enrique admitió que fue uno de los mejores entrenadores que tuvo: “Persona pasional, metódica, trabajadora y exigente. Tuve una gran relación con él y su estilo”.
Mientras que Xavi recordó su primera impresión: “Los primeros dos días pensé: ‘¿Quién es éste idiota?’, después a la semana me di cuenta de lo que trabajaba y terminé por apreciarlo. Me voy a acordar de él toda la vida, pero para bien. Van Gaal era un tipo directo. Un día te hundía y te humillaba delante del grupo, y al siguiente me decía que era Zidane. Es así. Y con el tiempo, es positivo. Con él pasé de jugar en Old Trafford a ir al campo del Alcoyano cuando me bajaba al Barça B. Es algo que se ha perdido ahora. Si estás en el primer equipo, se presupone que no puedes bajar. Y no, un chaval de 18 años tiene que, sobre todo, jugar. Luego vas al primer equipo y te comes el césped literalmente”, relató para Sport.
En Cataluña, José Mourinho fue su aprendiz. “Él tomó esta carrera muy en serio. Era puntual, venía a mi casa y me daba el análisis de los entrenamientos y veía muy bien a los rivales. Pude ver que entendía el juego. Lo eduqué y le mostré cómo tenía que hacer las cosas porque yo veo el juego distinto a los demás entrenadores. Fue hermoso ver su evolución y cómo se fue convirtiendo en una personalidad. Hoy él entrena para ganar, yo para jugar atractivo y para ganar. Mi camino es más difícil”, le relató a Bild.
Viajó a Holanda y con el modesto AZ, donde finalizó su carrera como jugador, logró en temporadas consecutivas segundo, tercer y primer lugar en la Eredivisie, seduciendo al Bayern Munich.
Cuando llegó a Alemania se presentó así: “Yo soy quien soy. Seguro de mí, arrogante, dominante, honesto, trabajador e innovador”. Pum.
Müller, Kroos, Alaba y Badstuber fueron la bandera juvenil que tanto patenta en los equipos que dirije. Ordenó un vestidor caliente y evitó que tanto Robben como Ribéry se desgarraran vestiduras por el protagonismo. Como siempre dejó amigos y enemigos.
“Odia a los latinos, siempre planeaba llevar a los jugadores que conocía, más allá de lo que le pudieran dar en la cancha y realmente fue capaz de hacer que yo abandonara el club”, reclamó dolido el italiano Luca Toni en entrevista con Mai Dire Calcio.
“Está siempre pensando en futbol, tratando de mejorar al equipo y a los jugadores. Tiene su forma de trabajar y no siempre es fácil, porque es muy intenso. No descansa ni un segundo. Cuando eres capaz de tratarle y trabajar con él, es un gran entrenador. Yo disfruté con él”, lo describe Arjen Robben.
En su momento quiso calificar a Holanda al Mundial 2002 pero fracasó, así que un tiempo se dedicó a ser dirigente del Ajax; ahí se cruzó con un joven Zlatan Ibrahimovic, que en su biografía lo liquida. “Van Gaal es un dictador sin ningún sentido del humor. Un día me dijo que tenía que pensar más en el equipo. Van Basten me había dicho lo contrario. Entonces le dije a Van Gaal: ‘¿A quién debo hacer caso? ¿A usted o a una leyenda?’, No le gustó”.
El balón le dio revancha y para el Mundial de Brasil estuvo cerca de llegar a la final con Holanda; sin embargo, una decisión suya, un atrevimiento fuera de los libros, provocó que fuera noticia absoluta al cambiar de portero en el tiempo extra contra Costa Rica, durante los Cuartos de Final. Sacó al titular, Jasper Cillessen, y metió a Tim Krul, enviando un mensaje repleto de misterio y generando desconcierto en los ticos, que al ver al suplente de inmediato pensaron que era un especialista ‘atajapenales’, cuando en realidad en ese momento nadie sabía que, en su carrera profesional, Krul sólo había parado dos veces un impacto desde los 11 metros. “Lo hablamos el preparador de porteros, Krul y yo; sabíamos que lo íbamos a hacer en caso de ser necesario. A Jasper no le dijimos nada para que no perdiera el enfoque del juego”. Al final Krul le detuvo los disparos a Ruíz y Umaña.
Kluivert, su auxiliar en aquella Copa, le lanzó un piropo: “Guardiola y Mourinho deberían estar muy agradecidos con Van Gaal”.
Un Manchester United dubitativo le lanzó la caña para recuperar toda la grandeza que Ferguson había pescado en su momento. Falcao, Hernández y Di María, fueron algunas víctimas. Todos consideraban que no fueron proveídos de oportunidades o de continuidad. “Es difícil entenderlo. Un día juegas en una posición y al otro día en otra. Uno se va del club y el equipo sigue igual con malos resultados. Es tema es del entrenador no de los jugadores”, se defendió el argentino que se fue al PSG.
El equipo en realidad nunca amalgamó sus ideas y las estadísticas sonrojaban a más de uno en Old Trafford.
Paul Scholes, un símbolo del club rojo, mencionó como comentarista de BT Sport: “El estilo de este equipo al que hasta hace dos semanas traté de defender es muy aburrido, es depresivo. Esta gente se acostumbró a ver espectáculo y lo de Van Gaal es muy defensivo. Parece que no quiere que sus jugadores disparen a portería”. Versión que se ajustaba a la declaración de Mata, quien afirmó que el entrenador les pedía que asegurarán la recepción antes de impactar contra el arco.
Los murmullos fueron incrementando en la grada y las declaraciones del entrenador ya iban para cualquier lado, como cuando Robert Huth, del Leicester, se comió un codazo de Fellaini, luego de jalarle el pelo. “A Fellaini le jalaron el cabello y eso no está permitido. No está en ningún libro y siempre hay una reacción en contra de quien jala el pelo. Sólo se permite jalar el cabello en el sexo masoquista, ahí se puede”, intentó justificar al elemento belga.
Paradójicamente casi termina con la carrera de Víctor Valdés, a quien él mismo le dio la oportunidad en el futbol de alta gama. “Si un jugador no sigue y respeta la filosofía del club, si no es disciplinado con lo que se le pide, sólo queda que se vaya. Se negó a jugar con el segundo equipo, entonces no puede estar aquí”, misma historia que le sucedió 12 años atrás, cuando el propio portero, después de jugar varios partidos como titular en el primer equipo del Barça, se rehusó a seguir las instrucciones del holandés, quién lo envió a entrenar con la reserva del cuadro catalán.
Le restregó la Copa FA a la prensa, pidiendo lo felicitaran, y a los dos días lo echaron del United para traer a Mourinho.
“Tiene cara de bulldog. Te intimida al principio porque tiene mucho carácter, pero conforme lo vas conociendo es buena persona, si le haces caso”, aclaró Marcos Rojo.
Ave de tempestades. Hombre de blanco o negro, pero jamás con tonalidades grisáceas. Tosco y ultra controlador, dueño y defensor de su verdad, de su sistema y su método de trabajo en equipo y de triángulos perennes.
“Los jugadores deben saber quién es cada uno de sus compañeros y sobre todo lo que pueden hacer para el bien del equipo. El equipo por delante, lo individual es secundario. No todas las estrellas que salen en los medios de comunicación lo son, ya que a mí no me basta un gol sino otras cosas como el trabajo, la relación con los compañeros, el sacrificio y su compromiso con el club. Muchos para mí son estrellas mediáticas, no estrellas reales”.