En el 'Imperio Peláez'
Nunca antes en la historia pareció tan difícil encontrar un entrenador propicio para dirigir al América: la característica esencial es que tiene que ser compatible con el presidente del equipo. En México no hay uno. En el extranjero, es un riesgo y Javier Aguirre no puede, no quiere o quizá no debe. El grave riesgo de todo ello es que el América tome una decisión ‘desesperada’ con un personaje ‘desesperado’.
La realidad tajante es que el América amaneció sin entrenador y sin rumbo más allá de la mitad del torneo, justo en una fecha doble, en camino a un Clásico ante Pumas y a días de festejar su Centenario.
Lo más increíble del escenario es que sus dirigentes no parecen o no parecían listos para afrontar la situación. Parece que ellos no veían, o no creían lo que la mayor parte de sus aficionados sí veían y presagiaban desde hace algunos meses: Ignacio Ambriz no reunía las características para ser el entrenador del América.
Buscar un nuevo director técnico no es el problema. El América es un club al que muchos quieren y aspiran dirigir. El problema sigue siendo la convivencia, la relación y las condiciones que el presidente deportivo ejerce sobre el entrenador de las Águilas.
Ricardo Peláez es un tipo competitivo, nadie tiene duda de ello, pero también es un personaje al que le gusta interferir y meterse en decisiones que le competen al entrenador. Tiene, además, un carácter complicado. Aquel que acepte dirigir al América en este momento tiene que admitir también la omnipresencia de Peláez en el América. Los mejores ejemplos de ello se llaman Gustavo Matosas y Antonio Mohamed.
Quien mejor funcionó en el América de Peláez fue Miguel Herrera, pero su final se precipitó por el tema de la Selección Nacional. Nunca lo vimos y probamos en momentos de alta tensión.
Éstos son, nos gusten o no, los tiempos de Peláez en el América. Él manda, dicta y ejerce su poder, con eficacia -la ha tenido-, con crisis -he aquí una de ellas- y con su carácter, para muchos, prepotencia que hemos probado y comprobado desde su carrera en las canchas. A mi Peláez no me cae ni bien ni mal, simplemente, no me cae.
El América está apesadumbrado. Hurgando entre nombres y nombres -Romano, La Volpe, Lapuente, Carrillo, Pasarella, Bielsa, Martino y hasta el de su gran sueño Javier Aguirre-. La realidad es que no estaba listo para esto y la otra realidad es que el entrenador que llegue, porque finalmente llegará alguien, tendrá que admitir las imposiciones de Ricardo Peláez.
Aguirre parece el hombre al que el americanismo quiere tener. Su carrera no requiere ninguna clase de presentación, pero Aguirre tiene un contrato vigente en los Emiratos Árabes y una cita pendiente en la fiscalía anticorrupción que sigue un asunto grave en el futbol de España. Creo que Aguirre sabe que meterse hoy en la presión que significa dirigir al América no es lo mejor ni para su carrera ni para el momento que atraviesa su vida personal.
El América vive en los tiempos de Peláez. Nos guste o no. Él tiene el balón en sus pies. Y nos guste o no, encontrar un entrenador, o al entrenador ideal, será complicado.