En París hubo una Revolución Francesa
La historia dicta los errores del ayer para no cometerlos en el hoy. El Barcelona nunca leyó los libros del futbol.
Y en París hubo una Revolución Francesa.
El PSG tendrá un pretexto de sonrisa cada vez que recuerde a un Barcelona que no repasó el pasado, porque no sabía que existía un pasado.
París, ciudad altamente romántica, fue un puño violento y apretado que atinó, furioso, en el corazón blaugrana, finalmente quebrado y desmoronado.
Como a la vida y al futbol le encantan las improbabilidades, el Barça no perdió por cuatro goles. El París Saint-Germain lo ganó por goleada.
Hay que repasar la historia. Siempre. Pero en el antier de los culés no había contratiempos en sus noches de perfumes parisinos. Los violines, vinos y uvas fueron espinas filosas debajo del mantel del usual picnic que esta vez no fue.
Un Cavani en estado de gracia fue dos Suárez. El PSG fue un Barça.
Y así, desde hoy y para siempre, al Barcelona y al resto se le mide a través de la carta del resultado, detrás de la amnesia.
Si hoy no eres, no importa lo que hayas sido. La prisa del juicio tiene nuevas y frescas víctimas.
Pero subestimar al Barcelona sería tan ingenuo como decir que lo del París fue un triunfo vestido de suerte.
Si en la Vuelta de estos Octavos de Final, los franceses juegan otra vez como contra los españoles, hay nuevo Campeón de la Champions League; si los españoles juegan como los franceses, también habrá nuevo Campeón de la Champions League.
En ese misterio parcialmente resuelto radica el valor.
La serie no tiene pulso y el electrocardiograma culé no exhibe ni picos ni crestas. No tiene actividad. Está muerto.
Y no hay nada que asuste más que un muerto que vuelva a la vida.
Al PSG hay que verlo detrás del prisma que hoy le multiplicó las virtudes hasta el cielo. Ahí al lado hubo un eclipse de estrellas.
El 4-0 tiene dos flecos que deben ser peinados: el de la consumación de lo esperado y el de la reinvención de lo insospechado.
El Barcelona ya perdió la serie. Y eso le encanta a la ausencia de presión escondida y desapegada del furor.
En la Vuelta habrá un solo partido. Se jugará para saber si el Barcelona sabe hacer goles. Y eso no le conviene a nadie. Menos a París.
La ciudad fue inclemente violenta en un día de amor con el equipo que ha robado más suspiros y que esta vez fue atropellado por la renovada historia. La Revolución Francesa volvió sin avisar.