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Entre broma y broma...

Entre broma y broma... José Luis Caballero Leal

“Allá abajo hay muchos hombres malos y su ejército está atemorizado. Yo le puedo mandar al nuestro”. Una corresponsal de Associated Press (AP) en México, una de las agencias noticiosas más importantes del mundo, y por ende con un elevado grado de confiabilidad, reveló hace unos días que dicha frase fue espetada por Donald Trump a Enrique Peña Nieto durante la conversación telefónica sostenida hace unos días, añadiendo que, en otras partes de la misma, el trato dado por el mandatario norteamericano al nuestro fue agresivo, “maltratándolo” innecesariamente. 

El contenido de la nota difundida por AP fue rechazado categóricamente por la oficina de Comunicación Social de la Presidencia de México, lo mismo que por la vocera de Comunicación Social de la Cancillería. Alineadas ambas oficinas institucionalmente, manifestaron que era absolutamente falso (falso, falso, falso), que ese comentario hubiere sido hecho por Trump. Un día más tarde, la Casa Blanca hizo saber a los medios que el comentario ya transcrito había sido hecho por Trump en un “evidente tono de broma”, y que, desde luego, no había ninguna intención de una  intervención armada de los norteamericanos a nuestro país.

Hasta el día de hoy, el mundo ha sido testigo de declaraciones oprobiosas, absurdas, misóginas, discriminatorias, ridículas y amenazantes de quien hoy ejerce la presidencia norteamericana, algunas de ellas ya convertidas en dura realidad, pero jamás hemos escuchado a Trump bromear sobre tema alguno. ¿Será que en esta ocasión efectivamente lo haya hecho? Recordemos ese viejo, pero sabio refrán, que afirma que “entre broma y broma, la verdad se asoma”.

Y ya entrados en temas chuscos, me vienen a la memoria dos que no quiero dejar de reseñar: el primero es la licencia solicitada por Ivonne Ortega al cargo de diputada federal, que ocupa por el estado de Yucatán, del cual fue gobernadora, para ahora sí, ponerse del lado del pueblo por primera ocasión (sic), y trabajar en pro de la obtención de la candidatura a la presidencia de la República por su partido, el Revolucionario Institucional. Mi lectura es distinta. Ante la creciente popularidad de Margarita Zavala, única mujer aspirante a la candidatura presidencial, la dirigencia priísta sacrifica a Ortega sacándola del Congreso, simplemente para dividir el voto femenino.

En ese partido, nadie (absolutamente) nadie se mueve sin la venia del jefe supremo, y desde luego no me refiero a la  decisión de Ochoa Reza. Ortega no lo hizo por decisión propia, sabiendo que no tiene la más mínima oportunidad de tener éxito en esa contienda. El segundo tema es una declaración que provoca gran ternura: “Si México me lo pide, me postularé a la Presidencia de esta nación”, afirmó con gran convicción el gobernador priísta de Chiapas (sí, priísta), Manuel Velasco. Ignoro cómo se daría ese llamado, pero estoy expectante a escuchar la explicación en caso de que así suceda. Una semana de bromas, algunas, por cierto, extremadamente pesadas, ¿no lo crees así?