Entre los ‘fantasmas’ del Cruz Azul... y los de Jémez
Paco Jémez parecía más preocupado por declarar en España que el periodismo mexicano (o la mayor parte de él) prefiere la nota roja o el escándalo, que en dedicar su tiempo, su energía y su mente en la eliminatoria contra el América.
Alguien debió avisarle al entrenador español que el Cruz Azul seguía y sigue vivo en sus intenciones de lograr un campeonato después de mucho tiempo de no hacerlo, pero antes y después de su debut en la Liguilla, Jémez estaba extraviado en el mismo laberinto donde se perdió desde que llegó a México: sin la capacidad de entender lo que significa el club que dirige, cuál es su trascendencia y el origen de su grandeza, sus repercusiones, sus pasiones, sus ilusiones y el difícil entorno con el que siempre convive. Jémez jamás se entero, y tal parece que sigue sin hacerlo, del sitio donde esta parado.
Y es una pena que justo el día en que Cruz Azul vuelve a una Liguilla, estemos más ocupados y preocupados en la personalidad del entrenador, que en la gran capacidad que tiene el grupo de futbolistas que viste de azul. Jémez se ha apoderado del carácter de un equipo que requiere que sean los futbolistas (Corona, Peñalba, Domínguez, Mora, Méndez, el Chaco, Cauteruccio, Mena) los grandes protagonistas de la escena. No él.
No puede (o mejor dicho, no debe) Jémez declarar en España que está pensando en “parar seis meses”, cuando tiene un compromiso en México con un club cuyos aficionados están esperanzados en que él sea parte de la solución para encontrar el largo vacío que les ha acompañado en cuanto a la obtención de títulos y de gloria. Jémez se equivoca. Debe mostrar compromiso, actitud, deseos de superar cualquier obstáculo. Pareciera que está ‘tirando la toalla’ antes de que suene la campana final de la batalla.
Sobre lo que dijo o no dijo del periodismo mexicano, la verdad me parece irrelevante. En todas partes de este mundo hay gente buena y mala, profesional y no tanto, exagerada y prudente. Me preocuparía más si esa declaración hubiera llegado desde un personaje como Vicente del Bosque, Luis Aragonés (qepd) o Pep Guardiola, pero lo ha dicho Paco Jémez, un entrenador de equipos pequeños en España que logró cierta notoriedad por su estilo de juego y nada más.
Ha sido el propio comportamiento del entrenador lo que ha alentado más los rumores alrededor del Cruz Azul sobre la inminente llegada del portugués Pedro Caixinha. Está claro que los días de Jémez en México se están agotando, porque aunque Cruz Azul puede estar satisfecho con alguna parte del trabajo del técnico que lo devolvió a una zona de Liguilla, no comparte sus exageraciones y sus exabruptos más allá de la cancha. Cada vez que Cruz Azul intenta, juega o gana un partido, Jémez aparece como ‘una tormenta’ en la sala de conferencias para distorsionar y hasta tapar el trabajo de sus futbolistas.
Cruz Azul intentó cambiar su política con respecto a los entrenadores, luego de que por mucho tiempo se les acusó de ‘pecho fríos’ tras haber caído en esa increíble y dramática Final de mayo de 2013 ante el América. Llegó un hombre como Tomás Boy y otro como Paco Jémez. El carácter de ambos parecían alejarse cada vez más de la filosofía y los valores de la empresa cooperativa que representa Cruz Azul.
Es una pena porque Jémez, de inicio, representaba una esperanza para que Cruz Azul reviviera como el gran club que significa para el futbol mexicano. Lo ha hecho, a medias.
Pobre Cruz Azul. No sólo lucha contra sus propios ‘fantasmas’, esos que tanto le han atormentado y mortificado en los últimos tiempos. Ahora también carga con los de su entrenador, un hombre que jamás ha entendido el sitio donde está parado.