Esotérico
Se dice que los gatos tienen siete vidas, ya que en la antigüedad el ‘7’ fue considerado el número de la suerte al ser ‘una trinidad de trinidades’. Pues bien, contigo aplica lo mismo que esta leyenda urbana o creencia, tu capacidad de salir inmune ante las hecatombes es digna de loas e incluso hasta de algún texto de mayor longitud que una columna.
Estás de vuelta en el Puerto con los Tiburones Rojos, un club que tiene cierta similitud con tu esencia, es decir, es una entidad que gusta vivir en turbulencia; sus actuales gestores son una muestra fehaciente de ello. De nuevo coquetean con el descenso, escenario que no desconocen, pero que no los exime del sufrimiento.
Tu vuelta fue sugerida y avalada por tu mentor Carlos Reinoso, con quien volaste y luciste como nunca lo has hecho en el América, siendo incluso monarca de goleo sin ser delantero. Si uno revisa la historia en múltiples disciplinas, existen dúos que funcionan no importando las circunstancias o el momento, a eso le apuestan con tu arribo al Veracruz, que la fórmula de antaño con el chileno se repita.
Ya estuviste en la querencia veracruzana hace algunos ayeres, arrancaste como avión, tu participación por aquellas épocas reventando porterías y almas rivales con brutal ferocidad, pero concluiste tu carrera en el Puerto de manera discreta. Hoy que estás de regreso en la salerosa región de Veracruz, sin duda provocas ilusión, esa esperanza que descansa más en un deseo que en una realidad, pero que no deja de generar hormigueo en las entrañas de que esta vez las cosas serán luminosas mucho más tiempo que la anterior.
Tu revolucionario temperamento me gusta, lo disfruto, reconozco en ti a un tipo que defiende sus derechos en todos lados, no te importa si es dentro o fuera del campo, tú levantas la mano y dejas en claro tu pensar y sentir. Mientras otros futbolistas de nuestro medio penosamente desdeñan los espacios en los medios de comunicación o abandonan su escaño de primeras voces, tú los buscas y haces que tu voz retumbe en todo sitio. Eres de esos raros jugadores que se pueden sentar en la mesa con cualquier personaje, sea presidente de club, directivo, entrenador, comunicador y demás, y ser capaz de entablar cualquier tipo de charla sobre cualquier tipo de tópico.
Recuerdo como si fuera ayer cuando en un aeropuerto en Estados Unidos tú estabas con la Selección Nacional, te nos acercaste a mí y a Christian Martinoli, nos saludaste afablemente con esa pícara y socarrona sonrisa que te caracteriza, y nos dijiste que a tu sobrinita no le gustaba nada el apodo del ‘Pleititos’, que la molestaban en la escuela, que si por favor se dejaba de usar. Así sin más, sin reclamos, sin aspavientos, no nos conocíamos personalmente y aprovechaste la coyuntura de estar en el mismo inmueble para expresar tu idea. Con ese inteligente gesto se incrementó mi admiración por ti y tus formas.
Eres un tipo incómodo, sin duda, de esos que piensan, que se incordian, que no se dejan, que luchan por lo que creen merecer; esos hombres no le sobran al futbol mexicano. También es verdad que has cometido atropellos e irresponsabilidades dignas de castigo, has sido inestable en la parte emocional, has boicoteado tus múltiples virtudes y eso ha hecho que tu carrera haya vivido en una ‘montaña rusa’. También has tenido culpa de no haber podido construir puentes entre tus necesidades y las necesidades de los otros, no siempre se pueden ganar los debates, en ocasiones uno debe ceder y negociar, y es aquí en donde te has atorado.
Pero atendiendo la actualidad, cuando otra vez se te daba por muerto por estar en una división inferior, tuviste un fabuloso semestre con el Celaya, fueron líderes de la Liga de Ascenso y sucumbieron en la Semifinal. Volviste a reventar las encuestas, te volviste a rebelar ante las inclemencias, volviste a exponer ese espíritu indómito que te define y estás de nuevo en un sitio del cual nunca tuviste que haberte ido: la Primera División.
No hay que ser un genio o adivino para saber que es tu último turno al bat, tu última oportunidad de que el lado bueno de la fuerza que existe en ti prevalezca y no fenezcas en el cadalso y seas uno más del montón. Para mí, tú no eres uno más del montón, y se te vuelve a presentar una linda y seductora ocasión de mostrarlo; tu margen de maniobra es ínfimo, cualquier pifia hará que tu derrotero se estrelle en el averno.
No sé cómo explicarlo con meridiana claridad, léase instinto o deseo, pero algo me dice que tu regreso a la luz no pasará desapercibido. Eres un ‘loco lindo’ como dicen los argentinos, así que espero que tu locura y tu lindura nos hagan gozar con aquellas fieras maneras que tenías de entender y expresar el juego, y que durante varios pasajes de tu andar junto a la pelota tuvieron al entorno muy pendiente de ellas.