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Esta decisión es un ‘golpe mortal’

Columna Luis Castillo 02-06-2017

La decisión que tomaron los propietarios de la Liga MX -al hacer valer ahora sí el reglamento para que, entre otras cosas, un equipo que aspire a competir en la máxima categoría en nuestro país tenga un estadio con aforo mínimo de 20 mil espectadores- en el fondo está bien aplicada. Aquí lo cuestionable es el porqué para algunos aspectos sí son bastante estrictos con los reglamentos y en otras situaciones, aún más complejas e importantes, son permisivos.

La forma como tomaron la determinación de que, hasta ahora, sólo seis equipos (sin contar a Dorados, Bravos de Juárez y Tampico Madero, que seguramente obtendrán la certificación) puedan ascender a la Liga MX es un golpe mortal, no sólo para los empresarios que intentan invertir en el futbol, sino para quien normalmente los dueños y el medio desprecia y no toma en cuenta su opinión: la afición, compuesta por las voces de los seguidores de los clubes que no serán autorizados para ascender y que ahora están llenas de enojo, decepción y frustración.

La interrogante

Es si realmente el Comité de Desarrollo Deportivo de la Liga MX realizó un estudio de  viabilidad-económico-demográfico a fondo de cada plaza del Ascenso para tomar esta determinación.

Hay ejemplos muy claros ¿de qué les sirve a lugares como Ciudad Victoria, Oaxaca y Tapachula tener estadios de 20 mil aficionados, si estas plazas, por las condiciones señaladas, no dan para tener un escenario de dichas dimensiones?

Esto, tristemente, será un golpe para las plazas que no tengan derecho al ascenso. Y aunque si bien es cierto que habrá un premio económico de 120 millones de pesos, la ilusión, alegría y deseo de una ciudad no se compra con nada.

Obviamente, el nivel futbolístico que veremos este año bajará. Es hasta lógico que los equipos que no estarán certificados dejarán de invertir en armar nóminas competitivas, ya que esos recursos, algunos los ocuparán para intentar ampliar sus estadios.

Esta historia

Que ahora se vivirá ya ocurrió en 2001, cuando se  inventaron una promoción  para evitar que Atlante -propiedad de Alejandro Burillo, en ese entonces mandamás del futbol mexicano- descendiera.

El encuentro lo jugó contra Veracruz, lo ganó y pagó cinco millones de dólares, que después fueron cobrados con las instalaciones que hoy conocemos como Centro de Alto Rendimiento (CAR).

Ahora sólo nos queda esperar que esta decisión no la hayan tomado los dueños para proteger a ‘alguien’ que peleará por no perder la categoría.