Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora! Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora!

Estancado y Extraviado

Columna David Faitelson 28-07-2017

Algunos ‘expertos’ -o que se creen eso: ‘expertos’ de una ‘ciencia’ llamada futbol- creen que el gran problema del futbol mexicano está en la sobrevaloración de sus expectativas. Es decir que México no es una potencia mundial, no es un referente en el futbol internacional, no ha tenido grandes resultados a lo largo de la historia, y por ello debe conformarse con lo que tiene.

Me parece una postura mediocre y de ninguna manera apropiada para una nación emergente como la nuestra, donde el futbol es tan sólo un deporte, una distracción, pero también una pasión y por ende una industria, un negocio que no sólo se restringe a nuestros límites territoriales, sino que se extiende más allá de la frontera norte y se apodera de las pulsaciones -y también de los bolsillos- de los millones de aficionados que viven en Estados Unidos, en la economía más avanzada y próspera del mundo.

El futbol mexicano no es, definitivamente, lo que tendría que ser. Aunque es verdad que el futbol mexicano ha avanzado en los últimos 30 años, no ha tenido el desarrollo tan esperado y anhelado por sus aficionados.

A partir de la eliminación en aquel escándalo por la alteración de las edades -los famosos ‘cachirules’ en el proceso para el Mundial 1990- México ha presentado una transformación que le ha llevado a evidenciar ciertos avances en la cancha de juego. Avances que han sido aplaudidos en los campeonatos mundiales, en Copas América, en Confederaciones, Copa Oro y demás eventos que afronta.

El futbol mexicano habría llegado a una instancia donde podía competir -quizá no de ‘tú a tú’- pero sí inquietar, de alguna forma, a una selección histórica y consagrada. Los Mundiales, a partir de 1994, demuestran esa hipótesis: la Selección Mexicana tiene aptitudes, ventajas y desventajas y hasta cierto estilo apto del atleta o del futbolista mexicano para competir cabalmente ante una potencia del futbol internacional.

Lo único que se le pide a esta generación de futbolistas y al señor Juan Carlos Osorio es que se acerque, nuevamente, a ese nivel. Nivel al cual, indudablemente, no ha llegado.

Al contrario, parece que se ha alejado. Los ‘fantasmas’ del 0-7 ante Chile en la Copa América del Centenario están ahí. Y más recientemente, una derrota clara y contundente ante una Alemania ‘B’ en la Copa Confederaciones que algunos de esos llamados ‘expertos’ han tratado de maquillar asegurando que México fue capaz de competir en el juego, cuando la realidad es que en el Estadio Olímpico de Sochi los alemanes hicieron lo que quisieron, prácticamente se ‘divirtieron’ a costa del equipo mexicano.

Bajar las expectativas del futbol mexicano es la peor crítica que se le puede hacer. México no es, definitivamente, una potencia del futbol.

Más allá de los resultados en selecciones con límite de edad -Mundiales Sub 17 y los Juegos Olímpicos de Londres 2012- no ha ganado nada relevante, no ha sido consistente, pero en las últimas décadas su futbol y su selección conocieron un crecimiento que le permitió acercarse, quizá más que nunca, a las selecciones más poderosas de este deporte.

El señor Osorio venía o viene -supongo- con la misión de aproximarse aún más a ese propósito. Creo que en lugar de estar más cerca, está más lejos hoy.