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Eterno debate

En las últimas décadas, el futbol nacional gira en torno a las pocas posibilidades que tienen los entrenadores mexicanos, el “voseo” argentino y ahora el “seseo” español suelen seducir a los directivos aztecas. No se trata de caer en un tema con tintes xenófobos, pero es cierto que los estrategas con acento mexicano pierden posiciones, aunque tampoco se trata de victimizarse, pues también son responsables de que se cierren las puertas.

En el arranque de año en la máxima categoría del futbol mexicano, de los 18 lugares disponibles, once son ocupados por entrenadores extranjeros.

Salvo Vlejko Paunovic, en Chivas, quien es una apuesta del propietario del equipo, Amaury Vergara, tras probar con distintos entrenadores, y André Jardine, que llegó al Atlético de San Luis con la medalla de oro ganada con Brasil en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, los otros nueve estrategas, ya sea por su carrera como jugadores en activo o por su estadía en nuestro país, han construido su carrera.

Técnicos como Diego Cocca y Guillermo Almada sustentan con campeonatos de Liga sus procesos. En el caso de Andrés Lillini, luego de su gran trabajo en Pumas, tiene que confirmar que es una realidad; al igual que Fernando Ortiz, en América, el campeonato con los de Coapa le dará mayor legitimidad a su proyecto; y lo mismo pasa con Nicolás Larcamón, que llegó a León, tras su paso con Puebla.

En el segundo puesto están Hernán Cristante y Gabriel Caballero, en su momento figuras del futbol mexicano y que tratan de consolidar su carrera para seguir siendo considerados de la baraja de entrenadores; Ricardo Valiño tiene que aspirar a crecer en su ya dilatada carrera en nuestro país.

Las dos excepciones que se dan en este 2023 son Eduardo Arce, quien asumió la dirección técnica de Puebla tras la salida de Larcamón. Tiene un interesante proceso desde la Tercera División con La Franja, pasando por todas las categorías, incluso probó suerte como auxiliar en la Liga Expansión MX con Celaya, como asistente de Héctor Altamirano (2019) y con Pumas en la TDP (2020).

El otro caso es Benjamín Mora, quien tras siete años de su periplo en Indonesia se convirtió en una interesante apuesta para Atlas, el mexicano no llega en blanco al balompié azteca de igual forma “picó piedra” en las inferiores de Xolos de Tijuana en 2011, luego fue asistente en Primera División de Carlos De los Cobos en Querétaro, en el Ascenso de Wilson Graneolatti en Atlante y Gabriel Caballero en Cafetaleros, incluso pasó por la Liga Premier con Atlético Chiapas.

Es decir, tanto Arce como Mora optaron por el camino más largo de construir su carrera desde abajo; hoy se les debe reconocer que la paciencia es su principal virtud, a diferencia de sus colegas nacionales que muy pronto se desesperan.

Dos entrenadores que hoy tienen la oportunidad de su vida por méritos propios, esperemos que la Liga Expansión también logre nutrir con más constancia a los equipos de Liga MX en cuanto a entrenadores se refiere.

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