F1 de Ecclestone, una máquina colosal
Es el fin de una era. Y por supuesto, también el inicio de otra. A Bernie Ecclestone le debemos la Fórmula Uno actual: una maquina colosal y millonaria, un deporte-industria planetario que sentó nuevos modelos de negocio para otras ligas y series alrededor del mundo.
A ‘Mr. E’, la F1 le debe su visión incontenible, con la que revolucionó sus bases, dio volantazo a sus estructuras y aceleró al máximo su crecimiento. Bajo su liderazgo, el barco de la categoría reina conquistó Asia y descubrió el Medio Oriente, éste, un oasis de riqueza que potenció al serial hacia el nuevo milenio convertido en un circo espectacular, bañado de oro, levantado a puro lujo.
El ambicioso sueño de Ecclestone también marcó su declive. En su negocio muy pocos ganaban y casi todos perdían. Mientras él amasaba una fortuna, los equipos caminaban en el alambre de los números rojos. Grave error. Correr en F1 pronto dejó de ser redituable. Más grave aún cuando los organizadores debieron cerrar la llave del despilfarro, porque el ‘patrón’ pedía cifras impagables para la iniciativa privada y que ahuyentaban el dinero público.
En un abrir y cerrar de ojos, la ‘exclusividad’, que antes había sido para presumirse, se tornó en exclusión rampante. Bernie, sin empacho, declaró en 2014, cuestionado sobre la caída de interés en las nuevas generaciones por la F1: ‘los jóvenes no me interesan, van a ver un anuncio de Rolex, ¿pero van a comprar uno? No pueden permitírselo. Prefiero ir por alguien de 70 años con mucho dinero’. ¿Cómo hacer crecer un deporte al que poquísimos tienen acceso? ¿Cómo mantenerlo popular en el competido escenario mundial sin nuevos aficionados?
La F1 que Bernie soñó ahora es obsoleta, el futuro la alcanzó. Debe pisar acelerador y ponerse a la par de los nuevos tiempos. Rebasarlos. Esa es la promesa de Liberty Media, el nuevo dueño de la serie, que conoce el brutal potencial de su producto, poseedor, aún, de audiencias sólo comparables a las de unos Juegos Olímpicos. La apuesta es grande y sin duda que la visión y audacia de Ecclestone hará falta.