Fundido
Después de la insulsa cáscara que se echaron contra tu querido Sporting de Gijón, dejaste caer una pesada bomba al anunciar que no renovarás con el Barcelona. Que te vas porque necesitas descansar, algo similar a lo que mencionó en su momento tu amigo y colega Pep Guardiola, cuando salió de tan honorable entidad, el que ahora dirige al Manchester City señaló textualmente que se vació.
Tu resolución causó sorpresa al interior del vestidor blaugrana, máxime porque si bien hace algún tiempo estuviste claramente enfrentado con varias de las vacas sagradas del club, incluyendo al mesías Messi, en la actualidad habías conciliado con genialidad tu obsesión por la excelencia con las necesidades e inquietudes de los capos.
No se puede obviar que las críticas sobre tu gestión han arreciado y que en tus apariciones en las conferencia de prensa cada vez se te nota más incómodo. Históricamente has sido un tipo fiero que no le rehúye al debate ni a las espinas, pero cada presentación mediática tuya termina en un round de boxeo. Nunca fuiste altamente apapachado por los medios de comunicación, pero lo de ahora luce como una barata persecución que no estás dispuesto a soportar.
Ocho títulos en dos años, hay que joderse, tu efectividad y vínculo con el éxito es brutal, y una trampa mortal para tu sucesor. Habrá que ver quién es el guapo que se sienta en tu banco y consigue tus laureles; además, actualmente están vivos en las tres competiciones. Lo de la Vuelta en la Champions League aparenta ser insuperable, aunque, conociéndote y conociendo a los extraterrestres futbolistas que comandas, yo no seré el burdo que descarte una épica revolución ante los parisinos. Sería tu éxodo perfecto, más allá que no ganaran nada, si apean al PSG te vas a ir con una sonrisa en la cara que te quedará tatuada por siempre haciendo más pronunciadas tus arrugas.
A diferencia de otros sitios, los anuncios de retiros o de salidas de los lugares de trabajo en las organizaciones de monumental manufactura deportiva son frecuentes. Algunos pensarán que avisar con tanto tiempo de antelación tu salida afectará la rutina diaria, aunque muchos otros pensamos que la presión disminuirá de manera ostensible.
Ya anunciaste también que dejas la rehechura de la plantilla a Robert Fernández, director deportivo del club, vaya encarguito le aventaste. Por cuestiones naturales se habla y se tiene que hablar, de tus probables sucesores, en primera línea se encuentran cuatro. Tú, Ernesto Valverde, del Athletic de Bilbao, con la ventaja que tus obligaciones contractuales vencen éste verano. Tú, Ronald Koeman, que andas en el Everton, tu contrato vence hasta el 30 de junio de 2019 y tu cláusula de salida es de 8 millones de euros. Tú, Eusebio Sacristán, que la estás rompiendo en la Real Sociedad y que hace poco te extendieron el contrato hasta junio de 2019. Y por último tú, Juan Carlos Unzué, que eres fiel escudero de Luis Enrique, contigo la idea sería lo mismo que realizaron con Guardiola y Vilanova, una especie de fina continuidad; estos cuatro poseen fuertes migas con el Barcelona desde hace eternidades.
En el espectro también están tú, Jorge Sampaoli, que vienes anonadando a todo especialista y no especialista del futbol en el planeta, y tú, Jürgen Klopp, que siempre has sido un tipo seductor. La cúpula del barcelonismo encabezada por ti, Josep María Bartomeu, ya anunció que será hasta finales de mayo, cercano a la Final de la Copa del Rey ante el Alavés, cuando habrá humo blanco.
En el mundo del futbol ya nada sorprende, es un entorno que se devora todo y a todos, hace algunos días observamos impávidos cómo a ti, Claudio Ranieri, te daban las gracias en el Leicester City, después de esa grotesca afrenta que molestó a casi la totalidad del entorno futbolístico, todo lo demás vive en el margen de lo supuestamente aceptable en este moderno y a veces no tan lindo deporte.
Te vas, Luis Enrique, y te vas como emperador, un tipo imperial, de una sola pieza, defensor de tu pensar y fiel a tu esencia. No tardarás mucho en recalar en otro mayúsculo trono, espero no tardes mucho, ya que prescindir de tus conocimientos y maneras no le hace nada bien a la pelota.