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Gema

1. América

En el América durante el pasado reciente las noticias en su seno han estado más vinculadas a lo amargo que a lo pletórico, un pastoso inicio, aunado a la inhabilidad de gestar una idea colectiva de juego, han generado insondables dudas. 

Pero irrumpiste tú, Diego Lainez, en el escenario y eso le cambió ligeramente el cariz a un ensombrecido club. Para debutar a los 16 años se necesita, como dice la canción, un poco de gracia y otra cosita, y tú sin duda tienes muchas cositas en tu gaveta.

Y hacerlo en el América conlleva aún mayor grado de dificultad. Desde que arrancó este torneo, la llave de la bonanza económica se cerró de forma contundente, y obligó a la dirigencia y dirección técnica a buscar nuevos derroteros. 

Pero la historia es clara y cruel, ya que nos indica que en el América el debut de jóvenes no es uno de los principales mandamientos dentro de su filosofía. También es cierto que hace varios ayeres emergió desde sus entrañas una de las generaciones que marcó al futbol mexicano, aquella gloriosa camada encabezada por ustedes, Cuauhtémoc Blanco, Isaac Terrazas, Germán Villa, Raúl Rodrigo Lara y algunos cabecillas más. 

Pero lo anterior no es común en las huestes de Coapa, su necesidad de contar con la mejor materia prima nacional e internacional posible machaca las ilusiones de chamacos con aptitudes para venir desde abajo e instaurarse de manera permanente en el vestidor del primer equipo.

En relación con lo arriba escrito, me acuerdo como si fuera ayer cuando mi papá y mi entrenador amateur, Arturo Carranco, me sentaron en la sala de mi casa después de haber regresado del primer Mundial infantil en China en 1985. 

El América vía Panchito Hernández, en paz descanse, y Roberto ‘Monito’ Rodríguez, me habían invitado a unirme al club. Al igual que tú Diego, yo en mi infancia fui un recalcitrante fanático americanista y mi sueño era jugar ahí. Pues bien, las duras, y al final de la historia, sabias palabras de mi padre, aún me retumban.  

Mi querido barbón viéndome a los ojos y con esa claridad que siempre lo ha caracterizado me dijo: “El América es como una Secretaría de Estado, se le llega por arriba, no por abajo”.

Vaya paradoja, años después de mi fantástica odisea por España con el Atlético de Madrid y la Real Sociedad regresé al América, y en efecto llegué por arriba.   

A partir del sábado pasado, Diego, las cosas se te vendrán como aluvión. En la actualidad los jóvenes maravilla como tú están expuestos, el entorno es casi radioactivo y con múltiples distractores.

Así como también hoy los imberbes tienen muchas más armas, información y argumentos a los cuales asirse para potenciar sus virtudes deportivas y humanas. 

Tú tendrás que saber vivir con ambas caras de la historia, la risueña y la plañidera. Me resulta absurdo pretender protegerte como si fueras un recién nacido, y esto lo pienso en tu caso y en el de cualquier otro joven. 

Tienes que salir y vivir, tienes que dejarte embelesar por los confusos tentáculos de la fama y de los medios, te tienes que tropezar y equivocarte, te hará crecer.

Rebélate si algún mentecato te quiere colocar en una esfera de cristal y monitorearte los signos vitales, lo que piensas y sientes, eso no es bueno, nunca lo será. De lo poco que conozco de tu manera de expresar el juego, me atrevo a señalar que eres un alma libre, que no la limiten nunca, eso será una de tus más pesadas tareas.

También entiendo la necesidad de que tengas buenos mentores a tu alrededor; Ricardo La Volpe es uno de ellos, es un personaje que ya ha estado en este cuento de hadas y conoce perfectamente los entreveros de las problemáticas de los críos talentosos como tú, es uno de los hombres con más y mejores debuts en el futbol nacional. Escúchalo, apréndele, estate con los ojos y oídos muy abiertos, tu camino acaba de iniciar y es una carrera de resistencia, no de velocidad.

Acorde a la historia, el futbolista mexicano tarda en madurar y en consolidarse, es por ello la necesidad que vayas con paso firme, el vendaval que se te viene tendrás que ir sorteándolo circunstancia tras circunstancia, y no pasa nada si en algún episodio te empapas y te atascas, ésas suelen ser las mejores y necesarias lecciones. 

No es que me quiera robar la conversación, pero tu debut me detonó la memoria y traté, fue hace una eternidad, de recordar mi debut con Pumas. No lo sabía, pero soy el futbolista más joven que ha debutado con el club universitario, dato que me hicieron llegar, no tenía ni la más puñetera idea. 

Lo hice a los 17 años, 7 meses y 3 días, y tengo muy claro mi ingreso a la cancha: fue ante Tecos en su estadio, y recuerdo con suma nitidez que en la tribuna estaban mis dos entrenadores de la reserva profesional, Rubén Medina y Carlos ‘Sobuca’ García, quienes me levantaron el pulgar.

Creo que toqué un par de veces la pelota, no más, y también me acuerdo que terminando el partido me dolía mucho el cuello de la tensión acumulada. Ya después en el hotel en Guadalajara se vino el grotesco bautizo encabezado por Raúl Servín, Pepe Marroquín, Pepe Salgado y Germán Tello.

Fue el inicio de una grata aventura que tuvo luminosas y sombrías peripecias. Tú las tendrás igual, tu arte, clase y desparpajo nos alegrarán el alma y la mente, pero lo más importante es que tú seas feliz jugando a la pelota.  

Vive con locura cada momento, trata de asimilar cada paso del trayecto, disfrútalo, padécelo, sé consciente de tu andar, déjanos gozar con tus maneras y goza tú también al realizarlas. Bienvenido, Diego, a las grandes lides, celebro mucho tu aparición.