Hecatombe
Han pasado algunos días y sigo perturbado por lo acontecido el fatídico sábado por la noche en Santa Clara. Muchas aristas por donde entrarle a este áspero asunto, por lo que intentaré ser claro y conciso sobre mi pensar de esta deleznable novelilla.
El primer tópico es que este grupo de futbolistas quedó expuesto, los desnudaron, por ende, le agradezco a Chile haberlo hecho y su voracidad para exhibir a una supuesta cofradía que no sabe funcionar como tal. La paliza que les endilgaron los chilenos dejó de manifiesto que ninguno, con obvia excepción tuya, Rafael Márquez, que vives en otra dimensión, repito, ninguno, es necesario en la Selección Nacional.
Cuando se vienen los chaparrones es cuando se necesitan esos hombres, no futbolistas, hombres que se autogestionan, esos capaces de gritarse y recriminarse sin empacho, esos que no se solapan, esos que encuentran soluciones donde parece que nos las hay; esos que sin ser amigos resultan un buen refugio al cual acudir porque en los momentos bravos saben cuál es el camino hacia la luz; bueno, de esos no hubo uno solo en la cancha.
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