Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora! Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora!

La botellita bebida por un Campeón del Mundo

Columna Felipe Morales 15 de noviembre de 2016

La botellita de agua de Jorge Valdano se quedó abierta en la cabina de radio de RÉCORD FM. 

Ella aún cuenta que fue bebida por un Campeón del Mundo...

La ciencia no se enteró, pero si tuviera que ir al lugar exacto donde se pudieran multiplicar los pensamientos de Valdano, tendrían que recoger, con pinzas y guantes, ese recipiente plástico, en el cual habitan los conceptos y las diminutas muestras de un ADN intelectualmente futbolístico. “Mejor que clonen a un mejor futbolista que yo”, dice Jorge, entre risas.

Jorge se va sonriendo, porque sonríe mucho. Cuando se sube al elevador, sus asistentes oprimen el botón del piso al que va; luego sale al paso de un montón de gente estupefacta que llegará a casa contando que lo vio, cuando bajaba a la planta baja; luego cabalga entre ellos, con su estampa espigada de Quijote, perfumado y pulcramente ataviado. 

Lo hace elegantemente apresurado.

Porque Valdano no se despeina.

Un Campeón del Mundo se acostumbró hasta a eso. 

A que le abran todas las puertas a su paso. 

Su vida es más feliz cada día, a partir de aquel gol a Alemania en la Final de México 1986.

“Lo voy a decir de otra manera: Si no lo hubiera marcado, hubiera estado un poquito más amargado todos los días de mi vida”. 

Y vuelve a sonreír.

Valdano recupera su infancia cada vez que habla y escribe sobre la pelota.

El futbolista nunca se jubila.

“Nací futbolista. Lo de ser escritor ha sido muy natural, muy inesperado. Lo cierto es que disfruto escribiendo; después de jugar, lo que más me gusta es escribir, pero no me considero un escritor, y sin embargo, sí me considero un jugador, aunque ahorita escriba y no juegue. El futbolista nunca se jubila. Sueño que juego, meto más goles soñando despierto”.

“Mi singularidad cuando escribo es que miro desde el ojo de la cerradura de adentro hacia afuera”.

Jorge parece que siempre está recién bañado y peinado. 

Tiene las ideas tan frescas como su cabello, aparentemente, recién engomado. 

“A mí si me dicen que analice un partido de 90 minutos, te lo analizo en 180 minutos, pero si me piden un pronóstico, les digo la verdad: ¡ni idea! El futbol tiene demasiadas variables”.

Como las tuvo el Estados Unidos vs. México y las tendrá el encuentro contra Panamá.

“He escuchado algunas cosas disparatadas como que el partido contra Estados Unidos lo ganaban los futbolistas solos, porque eran muy buenos y que no hacía falta entrenador, pero en el siguiente párrafo decía que si se perdía el partido, había que echar al entrenador, me desconcertó”.

Alguna vez Valdarno consideró que los técnicos han complicado al futbol, pero cuando habla de Juan Carlos Osorio, lo hace con una cuota de respeto y admiración.

“Me gusta su condición de hombre estudioso, de investigador. Estoy un poco más alejado del hombre que se gusta experimentando. Me parece que la estabilidad en el futbol es un valor y que hay mejores y peores a la hora de confeccionar un equipo titular”.

“Tiene mi confianza, porque todos aquellos que piensan mucho al final terminan encontrando la fórmula. Lo veo en Rusia, sí. México jugando bien pasa, y jugando regular también pasa”.

Luego, Jorge fue llamado por la patria, desde el recuerdo hasta el análisis.

“La sensación que tengo es que ni el equipo argentino ni los hinchas han tenido tiempo de renovar la ilusión. Más bien, lo que hemos renovado es la amenaza, nada menos, que de no ir a un Mundial. Argentina tiene necesidad de ganar”.

“Hubo turbulencia en el viaje de Buenos Aires a San Juan, que es algo muy coherente con la situación que vive la selección, y dicen que tuvieron que atender a Messi, porque le había bajado la presión. No creo que le haya bajado por las turbulencias del avión, sino porque tiene sobre la espalda la demanda de 40 millones de argentinos, que viven el futbol de una manera totalmente exagerada”.

César Luis Menotti confirma que Messi es un mago, pero acota que todo ilusionista reclama un escenario. 

¿En la Selección Argentina deberían estar Messi y 10 menos?

“No, porque eso también lo escuché con Maradona y yo estaba entre los 10 menos (risas). Todo solista necesita de una orquesta. En el Barcelona tiene una y en Argentina todo le cuesta más trabajo, porque la orquesta está muy desafinada”, contesta Valdano, escapando con una gambeta desde la palabra.

“Messi tiene un mapa de la cancha, y cualquier zona la conoce como si hubiera nacido ahí. La diferencia de esta Argentina a la del 86 de Maradona es que éramos un equipo maduro que supo convivir con un genio, que supo explotar a un genio”.

“También tuvimos más suerte”, aclara.

Aún no se descubre si las cábalas y las supersticiones cobran tiros de esquina o realizan saques de banda, pero sí se ha sabido que alivian la inquietud de la mente alborotada.

Valdano lo sabe.

Carlos Bilardo lo sabía.

 Toda Argentina lo supo en 1986.

“No ayudan para nada. Habían un montón de cábalas, que comprometían al equipo. Era una especie de obra de teatro: Se levantaba Maradona, se duchaba, pero cuando salía de la ducha, se tenía que encontrar conmigo en la puerta del vestidor e ir los dos juntos a desayunar. Era una obra muy, muy coordinada, aunque no creyeras en ella”.

“También teníamos como cábala escuchar dos canciones: entonces el día de la Final de la Copa del Mundo cortaron el tráfico y teníamos una autopista para nosotros solos saliendo del América. El pobre chofer estaba siendo amenazado por la policía, que le decía que fuera rápido y amenazado por  Bilardo y por los jugadores que le decían: ‘tú vete despacio, hasta que no terminen las canciones. Tenemos que estar en marcha, si las escuchábamos parados, pensábamos que perdíamos. Con lo que cambió el futbol, esa no cambió, el tema de las supersticiones”, explica el exdelantero argentino con el micrófono como testigo.

Termina la charla con Jorge Valdano, porque el tiempo a veces comete la estupidez de transcurrir.

Y yo, como escribió su admirado Eduardo Galeano: “Me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al fin del partido”.

En algunos años, cuando se hable de la clonación y la recuperación de las ideas, aquella botellita de agua, cargada de ADN privilegiado, será nuestra única esperanza...