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La impunidad, el verdadero motivo...

La impunidad, el verdadero motivo...

La justicia, ni en la vida ni el futbol, tendría que lograrse basada en “paros” o “protestas”. Aquí no ganaron los árbitros o perdió la Federación Mexicana de Futbol. Aquí perdieron todos y espero, que también, hayan ganado todos. 

El termómetro indica que algo o que muchas cosas andan mal en el futbol mexicano. La temperatura se elevó desde uno de los sitios más delicados y vulnerables que tiene nuestro futbol: la Comisión de Árbitros y la de Disciplina, justo el sitio neurálgico desde donde se debe cuidar y hacer prevalecer la justicia.

Verlo como un “simple” levantamiento y parón de los árbitros es tener una visión muy limitada o no querer admitir y afrontar la realidad.

El futbol mexicano ha vivido en las últimas horas momentos históricos que supongo pueden y deben marcar un rumbo distinto en cuanto a las maneras y las costumbres (llamémosle tradicionales) con las que se ha administrado el futbol en México. Si no lo confrontamos así, las cosas seguirán igual y el desarrollo de este futbol seguirá dependiendo del “capricho” y la voluntad de algunos grupos que se aferran al poder y al manejo en beneficio de sus propios intereses.

El futbol mexicano requiere de cambios urgentes en las formas en la cuales se dirige y se administra hoy en día. 

Y no sólo se trata de analizar y extender el castigo de los futbolistas del América y del Toluca, Pablo Aguilar y Enrique Triverio. De lo que en realidad se trata aquí es de acabar con la impunidad, el control absoluto, el tráfico de influencias y la corrupción, porque al final del día se trata de una forma de corrupción, que agobia a las diferentes estructuras del futbol en México.

Hace ya tiempo que las comisiones de arbitraje y de disciplina, órganos fundamentales que se encargan de impartir la justicia en la cancha y fuera de ella, han dado visos de que requieren  de una revisión urgente. Lo mismo pasa en otros rubros del futbol mexicano: la Liga, la oportunidad de los jugadores mexicanos en la cancha, las Selecciones Mexicanas y el famoso avance que vemos y que no vemos, la licitación de derechos televisivos de la Selección y de la Liga en general, y muchos otros temas que deben modificarse con la transformación misma que México afronta como país. 

El mensaje más trascendente de este escándalo arbitral radica en que se hizo trampa. ¿Trampa? Sí, porque después de observar en la cancha las agresiones o los intentos de agresión de los futbolistas, no había duda de que merecían un castigo de acuerdo con lo que dicta el reglamento, pero el futbol mexicano entró a su práctica más común: pisotear las leyes, instalarse en un mundo impune, donde las presiones y los intereses son capaces de ocultar la verdad. Los árbitros fueron capaces de detener la Liga y enviar un mensaje poderoso de que es necesaria una reestructuración y una “limpieza” en muchos de los sectores del futbol mexicano.  

El futbol, tarde que temprano, volverá a las canchas y algunas cosas a su normalidad y qué bueno, porque finalmente es un pasatiempo que le gusta y que le apasiona al mexicano. Pero lo más importante no es que vuelva el futbol. Lo más importante es qué cambios se originarán a partir de este movimiento.