La recuperación frente al fracaso
¿Qué te pasa cuando pierdes? ¿Te enojas? ¿Te deprimes? ¿No duermes?
Un factor clave de los triunfadores es su capacidad para recuperarse al fracaso. Un aspecto fundamental de un ganador es la filosofía que tiene respecto a la derrota. El mismo Michael Jordan lo decía: “He fallado una y otra vez, por eso he conseguido el éxito”.
A veces cuando fallamos una jugada que pudo ser clave para el éxito, tendemos a culparnos y nuestra mente repite la escena fallada una y otra vez, generando en nuestro cuerpo la sensación de ser un perdedor.
Cuando los equipos se enrachan en derrotas, podemos pensar que están teniendo dificultades para sobreponerse a pérdidas y esta situación genera creencias limitantes que serán la causa del sabotaje de su propio trabajo, haciendo que su desempeño no sea el óptimo, ni en entrenamientos ni en partidos.
¿Qué herramientas tenemos para recuperarnos al fracaso? Es imperativo aprender a procesarlo, es decir, tomar lo bueno y no quedarse anclado en el resultado. Preguntarme qué aprendo, qué puedo hacer diferente y, sobre todo, no perder la ilusión de lo que se puede hacer en la siguiente oportunidad. Si participo en una competencia puedo ganar o perder. Como dicen los charros: “sólo el que no monta, no cae”. Los equipos deben dialogar la derrota y determinar un ritual para enterrarla e iniciar con los nuevos retos. Entrenar como campeón.
Por ello, aunque se escucha la crítica hacia jugadores que siempre declaran “tenemos que seguir trabajando”, en realidad ésa es la forma de enfrentar la situación. Dar vuelta a la página y prepararnos para el nuevo reto.
He visto a niños deportistas que cuando fallan hacen grandes corajes. Desde pequeños hay que enseñarlos a reaccionar de forma distinta; herramientas importantes son la respiración profunda, el diálogo constructivo y la visualización de la próxima competencia, preguntarme qué aprendo y saber que hay otra oportunidad.
Trabajemos con los equipos con los que colaboramos para ayudarlos a aprender siempre del fracaso, sacudirlo para buscar alternativas y crecer.
Nunca un fracaso determinará nuestro futuro, más bien lo fortalecerá si logramos transformarlo en un aprendizaje y una lección de vida.