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La rifa del Puma

Columna Martinoli 05-10-2017

Difícilmente Pumas puede estar peor, pero mientras el mundo universitario ruge de dolor y exige la salida del presidente Rodrigo Ares de Parga, los números ahogan al club del Pedregal para el próximo cociente.

Cierto es que faltan 23 partidos más para modificar la estructura de los protagonistas del descenso; sin embargo, hoy Pumas sólo le sacaría ocho puntos de diferencia al Puebla, seis al Veracruz, tres al Querétaro y uno a Santos, cuatro equipos que actualmente ya sufren con la tensión del averno y que quizá, por qué no, podría alguno de éstos descender el próximo torneo. Claro, sin olvidar que Atlas y Lobos andarán caminando por la misma vereda.

Pumas es una maraña administrativa actualmente indefendible, que sólo trata de tapar los propios hoyos que su propio organigrama ha generado.

Complejo es cómo se maneja el club auriazul; su estructura está basada en un patronato civil que explota el escudo y nombre de la Universidad más grande de Latinoamérica, que por ende debería entregar dividendos económicos a la Rectoría y, sin embargo, sólo pone poco más de 35 mil pesos al mes por arrendar el estadio de CU, el equivalente a un departamento de Polanco de no más de 110 metros cuadrados. Risible.

La marca Pumas es muy fuerte, muy popular, detrás de ella existe una institución de valor incalculable en la vida y obra de la nación; por ende, dicha organización educativa debería verse mejor recompensada en todo aspecto.

En el Club Universidad se vota por colocar a la gente del Patronato, aunque la voz del rector, presidente honorario de la entidad, pesa y bastante al momento de elegir candidatos. Los aspirantes al cargo, por lo general, son gente vinculada a la sociedad y política interna de la UNAM, personajes de alcurnia y abolengo con carreras sólidas alejadas del balompié que prestarán sus servicios sin fines de lucro, pero con un inconveniente en particular (no todos los que han pasado lo tienen, pero sí muchos): les gusta el futbol, pero no saben sobre el juego y sus caprichosos recovecos.

Conocerán de finanzas y empresas, pero no de asesoría interna para manejar los destinos deportivos de una entidad como Pumas; por ello, si mañana Ares de Parga deja su cargo traerán a otro célebre personaje de la vida universitaria, que tendrá su lugar por el simple hecho de ser ‘futbolero’. La solución a simple vista no es tan sencilla.

Al final, un punto no menor es que Pumas en el futuro lo que debe cambiar es el perfil de sus posibles presidentes; esto de ser de estirpe o corazón universitario les da más dolores de cabeza que dividendos deportivos, ya que sobre los económicos mejor ni hablamos porque el plantel no es boyante, y tampoco lo que genera el club sirve o se cede para ayudar a lo más importante, que es la UNAM y sus aulas.