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Magnánimo

Garcia 31-10-2017

Después de 20 años de jugar a la pelota decidiste dar por terminada una de las carreras más prolíficas de un futbolista mexicano. Durante tu larga odisea en este fabuloso juego siempre te mantuviste fiel a tu solemne esencia. Fuiste un tipo responsable que normalmente fluctuaba en la misma luminosa franja, fuiste siempre un jugador confiable, de esos que se sabe qué esperar, que no defraudan, que brindan estabilidad a los proyectos.

Tu adusto gesto, sello inequívoco de tu manera de ser, estuvo de la mano de tu pulcro desempeño. Cada vez que te vestías de corto fungías como piedra angular de tus equipos, no importa la latitud en la que anduvieras, resultabas imprescindible para los tuyos. Tus ausencias, las cuales eran escasas, se notaban de manera grosera. Eras de esos necesarios capitanes que imponía no tanto por la boca, sino por tus poderosos actos, eras escrupuloso con tu labia, pero lapidario con tu accionar. Desde muy joven exhibiste un temple poco común, tanto así que no te inmutó en lo absoluto destrozar las cadenas que incautan a los futbolistas nacionales y te largaste a Europa sabedor que los enredados pactos de los clubes fuera de nuestras fronteras no tienen valor.

Te lanzaste a un desconocido viaje con poco equipaje, pero con suma entereza, un viaje que duró lo suficiente para proveerte de sabiduría y volar durante dos décadas de forma incólume.

Tu liderazgo nunca fue artificial, no fingías, tú mandabas desde la sensatez y la razón, nunca fuiste ruidoso, no lo necesitabas, cuando estabas en un vestidor todos lo sabían sin que necesitaras alardear de ello.

Actuabas como el fiel de la balanza, cuando la bulla superaba los sentidos volteaban a verte para que separaras lo medular de la situación de la paja, incluso no necesitabas mediar palabra, las respuestas y los pasos a seguir los indicabas con los ojos.

Los caciques del futbol mexicano y de la Selección Nacional, sabedores de que eres un hombre a carta cabal que no negocias el deber ser y que eres recto como flecha, te propusieron una linda encomienda, ser el referente deportivo en dicha cofradía.

Después de que Santiago Baños se fue al América dejó una ligera revolución en el seno del representativo mexicano, el acertijo era cómo encontrar a un personaje con el linaje suficiente para ocupar tal espinoso puesto. No es nada nuevo referirnos a la, en ocasiones insalubre, injerencia que tienen algunos de los actuales futbolistas de la Selección Mayor y su obsesión por proteger sus cotos de poder.

Pues vaya paradoja porque tú, Gerardo Torrado, eres un personaje incorruptible, de esos que no creen en el amiguismo barato, que no solapa los excesos ni las excentricidades, de los que su mente y alma están enfocados en hacer el bien y no en otorgar concesiones. Otra muestra de lo anterior fue cuando fuiste llamado a dicha labor, tenías contrato con tu último equipo, el Indy Eleven de la Liga NASL, y fiel a tu educada naturaleza avisaste que cuando terminaras dicho compromiso tomarías la estafeta, ni un segundo antes.

Ése eres tú, no te deslumbras con facilidad, identificas con meridiana claridad las prioridades, por más seductor que luzca el horizonte no te vas de bruces.

Por más que tus pulsaciones puedan estar elevadas las sometes y tomas la correcta resolución. El único pero o tope que observo en tu nueva relación laboral es que tuviste nula opinión en la elección de Juan Carlos Osorio como entrenador nacional, es decir, el proceso fue a la inversa, primero se elige al regulador, no al revés.

Por otro lado, entiendo que la situación fue imprevista y había que reaccionar intempestivamente, tardaron en hacerlo y justo fue en uno de los dos momentos de severa crisis de esta administración deportiva, el cual pasó sin consecuencias que lamentar.

Ahora, dada la similitud en la gran calidad humana que tienen tú y Juan Carlos Osorio, no les será nada complejo vincularse con cordialidad y puntualidad.

Al igual que tú, el colombiano es un tipo elegante, serio, instruido y abierto al inteligente diálogo. Celebro tu aparición en la administración deportiva de la Selección Nacional, y entiendo perfectamente también que el haber sido un excelso futbolista profesional no es garantía de éxito en otros menesteres de la pelota, pero también sé que cuentas con múltiples de los requerimientos para ostentar dicho trono, los otros requisitos los irás aprendiendo con la práctica y con los naturales yerros que se cometen cuando se ejerce una nueva función. Gente educada, íntegra, inteligente emocional y sin ninguna atadura o compromiso con la cúpula como tú, nunca sobra, todo lo contrario, son imprescindibles cuando se pretende volar.

Mucha suerte, Gerardo, el conocimiento y la buena entraña ya lo posees, los recovecos de tu nueva chamba los irás conociendo con el tiempo.