Magnífica
Concluyó una dignataria competición en una imperial nación. La organización, logística y escenarios rusos funcionaron a la perfección. El ejercicio previo al Mundial de 2018 obtuvo notas sobresalientes, no podía ser distinto cuando hablamos de un país con el poderío, injerencia global y rico pasado futbolístico de Rusia.
Atendiendo el tópico deportivo, ganó el mejor, y cuando gana el mejor la pelota sonríe y todos dormimos más tranquilos.
Alemania es el mejor del planeta en la actualidad y nos lo recuerda con plausible elegancia y lapidaria frecuencia.
Te escuché, Joachim Löw, explicando tu tesis sobre que de un ciclo mundialista al siguiente no puede ni debe llegarse con las mismas piezas, que no resulta benéfico, y como muestra te referiste, con total respeto, a España y a sus similares grupos en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014.
Es por ello tu obsesión por provocar recambios generacionales, delicados sin duda, pero recambios con la intención de desterrar cualquier posibilidad de burguesía.
El modelo deportivo alemán es el mejor de la época contemporánea. Es visionario, audaz, vanguardista y eficaz, es una luminosa rueda de la fortuna que durante muchos años no se detendrá.
La selección alternativa que montaron y presentaron ante la sociedad en Rusia, fue maravillosa, con disímiles tentáculos y recursos, sumamente dúctil, fue camaleónica, se adaptaron sin mayor empacho a las diversas circunstancias y rivales durante el torneo.
Por ejemplo, ante Chile no les incomodó jugar de víctimas, incluso tú, Marc-André ter Stegen, lo dijiste terminando el duelo ante México, los andinos eran los favoritos, y desde esa trinchera construyeron en primera instancia una barricada, y después fueron enarbolando su idea futbolística que descansó en brutales y larguísimos contraataques que confundieron severamente a la delegación chilena.
Tú, Julian Draxler, fuiste elegido de manera atinada como el mejor futbolista del campeonato, te aventaron obligaciones mayúsculas que atendiste con categoría, jugaste liberado de los colosos alemanes y te erguiste en el guía de la novel cofradía teutona, confiaron en ti y no los decepcionaste, al revés, les confirmaste que estás para liderar sin pudor alguno. En esa labor de cacique lo acompañaste con distinción tú, Leon Goretzka, eres un delicioso y estilizado futbolista medular en el asalto a la gloria.
Y qué decir de ti, Timo Werner, impávido y sobrio delantero, te atreviste a no festejar algunos de tus goles, cosa de locos, saltaste de la suplencia para otorgarle una vereda de bonanza y variedad de soluciones a tus compañeros cuando atacaban sin muchos elementos.
Tú, Sebastian Rudy, fuiste el perfecto balance, la pulcra piedra angular, ese esencial hombre que no hace ruido ni se nota, fantástico mediocentro que proveyó de estructura a las demás voluntades.
Tú, Lars Stindl, le ofreciste a tu gente la espinosa posibilidad de ser utilizado en múltiples zonas del campo y cumplir con variadas tareas, y en ningún momento te sentiste ajeno o enredado. Y así podría seguir con cada elemento que conformó tan vigorosa agrupación, fue sensacional observarlos festejar, incluso ahí se les percibió imberbes, cosa que son, pero triunfadores de cepa, cosa que también son.
Paso a escribir del vencido, Chile, el gran Chile, el fascinante Chile, una generación irrepetible de futbolistas que se han vinculado con el éxito aunque en esta ocasión dicho oasis se les extravió.
Su irrupción en la élite internacional ha sido gradual, no creo que exista otro camino más que el pausado, el ir palmo a palmo, hoy los chilenos viven en la cúpula de la pelota mundial, ese sitio en donde México cree estar, que obvio no está, y penosamente no se perciben sólidos vestigios que en un futuro cercano puedan arribar.
Chile es un modelo imitable en todo sentido, son voraces, orgullosos de sus orígenes y costumbres, los defienden por natura.
Son un equipo sabio, tradicional, con enorme bagaje, pragmático, que encontró un estilo y procura no prostituirlo, cuentan con dos extraterrestres como ustedes dos, Arturo Vidal y Alexis Sánchez, tipos que en solitario son insostenibles, pero que comprenden la necesidad de ser parte de un todo, son magos y libres, pero no van por la libre.
No puedo obviar mi simpatía y debilidad por ti, Marcelo Díaz, eres un reloj suizo cuando de jugar se trata, de forma inexplicable te equivocaste en el gol de la derrota.
Pero cuando te vi en una entrevista llorando y reconociendo tu yerro, inmediatamente pensé en que el éxito chileno se ha dado por hombres a carta cabal como tú, por hombres con la estirpe como la tuya, por hombres sensibles y sensatos como tú, debes sentirte sumamente orgulloso de quien eres, los tuyos lo están, y estoy cierto tú lo estás, la falla ante Alemania en comparación con tu historial y grandeza es un tema insignificante.
No me puedo olvidar de Portugal, me da la impresión que ya es adulto, que sin olvidarse de su origen gitano lo han sabido controlar y usar en su favor, son serios, son rancios, son una gran selección.
Han madurado y han ido poco a poco subiendo peldaños en la larga escalera del futbol internacional, fueron hondamente respetuosos con su corona de Europa, la dignificaron, la pulieron, se encumbraron, no perdieron ningún partido en tiempo regular, en el mejor partido de la Copa Confederaciones ante Chile sucumbieron en los penales ante la deidad que eres tú, Claudio Bravo, cosa totalmente entendible y justificable, me rindo ante el notable y macizo ascenso portugués.
De México voy a obviar escribir mucho, en la búsqueda del tercer puesto confirmaron las mismas fallas que tuvieron durante todo el torneo, una desquiciante bipolaridad.
Se acabó la Confederaciones, una pena carajo, máxime que se viene la Copa Oro, que es un estorboso quiste.