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Columna Luis García 27-09-2016

1. Ricardo Antonio La Volpe

De manera intempestiva y sorpresiva estás de regreso en un banquillo, en ocasiones la pelota, tan caprichosa ella, pica en sentidos opuestos a lo que debería, pero en este tu caso, no fue así. 

Hacía pocos ayeres estabas negociando tu incorporación al Everton chileno, fue el apretado presupuesto el que truncó tu arribo a Viña del Mar, y de pronto se abrió el mar y llegaste como mesías al América. Eres un entrenador y un personaje que cuando de futbol se habla o se trata estás en la conversación, es imposible no referirse a tu nombre, formas y manera de entender el juego para esgrimir algún concepto u opinión de los gestores del futbol mexicano. Estuviste incluso en la conversación de la Selección Nacional cuando se decantaron por Ricardo Ferretti, y cuando daba la impresión que no aparecerías más en el horizonte del futbol nacional, irrumpiste con tal fuerza que te hiciste del puesto en Coapa. 

En México es típico que la baraja de entrenadores vivan montados en una especie de rueda de la fortuna de la cual se bajan y se suben con tal facilidad que asusta. Pero si bien, tú eres parte de este cuestionable método, tú vives aparte, vas en el carrito de los aventajados, de los que trascendieron, de los que gestaron un exitoso sello que durante años se impregnó de tus equipos, incluida la Selección, tú radicas en otro escaño, la historia te tiene un honorable trono apartado como entrenador, de eso no existe ni la mínima duda. 

En tu primera etapa en el América la pelota te dio la espalda, hoy te da su mejor cara para que puedas darle un colofón de altura a tu carrera de altura como director técnico. Tuve la enorme fortuna y privilegio de ser dirigido por ti, fue exactamente en el América, fue un periodo desafortunado y turbulento, muchos de los mexicanos de ese buen equipo veníamos de jugar los Juegos Olímpicos en Atlanta 1996, llegamos fuera de tiempo y ritmo, y para acabarla de jorobar me tiré un absurdo y cometí una brutal irresponsabilidad con aquella expulsión ante Chivas en donde nos terminaron arrastrando. 

Teníamos como presidente a Pablo Cañedo, un hombre muy joven, sin mucha experiencia, eso sí, un tipo a carta cabal, probo y de una sola pieza a la cual le pusimos en su bandeja de bienvenida, una goleada en contra de escándalo ante el acérrimo oponente. Después de ese negro domingo en Guadalajara, el equipo dio una de las mejores exhibiciones que tengo memoria ante el Puebla, el futbol cruento hizo que los de La Franja ganaran uno a cero cuando el partido debió terminar con más de media docena en nuestro favor. Me enteré de algunos rumores que tú Ricardo podrías salir de la institución, desde un lugar de desesperación me hice el guapo y le marqué a Pablo Cañedo; recuerdo como si fuera ayer que estaba sentado en mi coche, el cual estaba aparcado enfrente del Estadio Azteca de lado de Periférico. Le rogué que no te diera las gracias, le traté de explicar que bajo tu comando vendrían cosas sensacionales, que eras un entrenador de prosapia, con grandes conocimientos, que no era sencillo toparse con tipos tan buenos para dirigir como tú, que tu forma de entender y explicar el juego era una joya, su respuesta fue implacable: ‘Si tanto te importaba lo hubieras defendido en la cancha’, sin duda tuvo toda la razón. 

Atendiendo el estricto tema de cancha, lo que me sorprendió de ti, fue la cantidad de soluciones que le otorgabas a cada jugador dentro de la cancha, comentabas con cierta petulancia que se debería contar la cantidad de veces que tu equipo rebasa la mitad de la cancha con el balón controlado, que no había equipo en el planeta que lo hiciera mejor que los tuyos, tenías razón. Yo como delantero me maravillé, insisto de la facilidad con la que tu táctica, estrategia y maneras me hacían llegar la pelota en los entrenamientos y partidos, tanto en mayúscula cantidad como en increíble ventaja, me proveíste de armas para jugar que no conocía, la neta fui muy feliz durante ese escaso periodo de tiempo que me tocó ser tu pupilo. También recuerdo las ásperas discusiones que tuvimos en dos programas de ‘Los Protagonistas’, en el primero fue porque fiel a este equívoco precepto tuyo de minimizar lo que hacen los demás, cuestionaste a nuestra generación cuando ganaste la Copa Oro de 2005. Y la otra ocasión fue cuando defendías a tu generación del Atlas, y yo te cuestioné sobre el rendimiento en la Selección de algunos de ellos, pero aun cuando estuvimos en lugares distintos en la mesa de discusión, me gustaba debatir contigo, siempre hablabas de futbol, y siempre lo hiciste, y lo haces, con pasión, fervor y sobre todo con enorme conocimiento. 

Fui partícipe de una de esas largas charlas de café en las que monopolizabas la plática con las malditas bolsas de azúcar a las que les ponías nombre de jugadores y las movías hasta la saciedad, y si alguien se atrevía a tocar alguna bolsita así le iba. Yo celebro y mucho, que estés dirigiendo otra vez en México, que posees maneras que a ciertos no gustan es verdad, que en tus discursos pareces creer ser el único que conoce también es cierto, pero que sabes mucho de este juego y deporte también es una verdad inapelable. Para mí eres por mucho uno de los mejores entrenadores que ha tenido este país, mereces culminar tu carrera como lo que siempre fuiste, un magnífico entrenador, y parece que vas en camino a lograrlo. Que así sea  grandioso Bigotón.