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México ganó el Nobel

Columna Felipe Morales 29-06-2017

Me encontraba en un café viendo el México vs Alemania. Junto a mí estaban dos señores con bigote cano, casi amarillo, con perfumes de nicotina, de filosofía, de conocimiento. Por los gestos y los manoteos que hacían, el policía del restaurante inflaba el pecho, vigilaba, sonreía…

Esta contienda de argumentos, de jueves por la tarde, requería minutos para la rehidratación de cafeína. Ellos hablaban de futbol, como hablamos todos. Pero todavía no se sabe si sabían de lo que hablaban. O sí.

El futbol tiene esa vitamina. Es uno de los principales motores de las charlas de sobremesa en el planeta. Ellos alzaban la voz cuando pronunciaban el nombre de Juan Carlos Osorio y la Selección Mexicana, y tiraban conceptos en la mesa con la verificación que da el ISO900 de la subjetividad, que por un instante, o por algunos cigarillos consumidos, se volvieron verdad. 

—No es que Osorio haya estropeado algo. No somos Brasil. No somos Italia. Déjenlo trabajar con su estilo —decía el hombre con boina. 

—¿Pero de qué estilo me hablas? La Selección no tiene ningún estilo, cada partido juegan distintos futbolistas —replicaba el otro.

—Eso, mi querido Watson, es por sí mismo un estilo.

—¡Bah! Perdieron como siempre.

Los dos bebían de su taza. Y comenzaban de nuevo…

Era una reta de parque con manteles largos. Un expreso doble con dos nueves, que se botaban para recibir con dos ópticas igual de distintas hacia su verdad, que en este caso era la portería.

“Si México pierde contra Alemania B, ¡ah, perdió contra Alemania B! Si gana contra Alemania B, ¡bah, era Alemania B!”, se escuchaba en aquella canchita de dos de azúcar y migajas.

Somos hijos del demérito, pensé. Nos encanta. Nos complace la minimización del éxito. Pero éste casi nunca se viste de verde. Entonces, no hay tanto problema...

Somos afines a las aspiraciones ajenas para convertirlas en nuestras, pero se nos cae la leche cuando servimos un simple cereal. Queremos que México nos represente como italianos que visten sombrero, aunque no seamos italianos. Ni juguemos como ellos.

“El futbol es ese cauce por donde se escapan nuestras angustias y fracasos, por el cual también penetran muchas de nuestras alegrías. Esa catarsis personal y colectiva, capaz de trascender la cancha de juego para operar en una estructura social sana”: Fernando Marcos.

México es la representación de que somos perfectamente imperfectos.

El futbol, por supuesto, no se escapa de ello, pero en ocasiones tiene superpoderes que alegran o amargan la tarde de jueves.

“Cómo será de importante que muchos intelectuales mexicanos se pasan la vida y pasan su tiempo tratando de denigrarlo, solo porque Hugo Sánchez, pongamos por caso, es más conocido, respetado y útil a México que, pongamos también por ejemplo, Octavio Paz.

“No se crea que hay un resentimiento a la inversa, pero Hugo Sánchez, en apenas tres meses, logró unificar a los chicanos de California con los 'mojados' o ilegales. Y Don Octavio Paz, con todo su talento, con toda su exquisitez y toda su profundidad, no logra todavía unificar… ni a los poetas”, escribió también Fernando Marcos. 

Hoy iban a pasar dos cosas: o México se va iba a casa siendo Octavio Paz, o podía jugar la Final de la Copa Confederaciones y volver a ser Hugo Sánchez.

Claramente, ganó el Premio Nobel...