Molinete
Después de la cruda emanada por la Copa América y la Eurocopa regresaron los duelos entre selecciones nacionales, muchos eliminatorios, otros tantos amistosos. Existen varios agridulces tópicos que amparan estos partidos, el más amargo es la vuelta de la Selección Azteca después del bochornoso espectáculo montado ante Chile.
Tu convocatoria, Juan Carlos Osorio, fue prácticamente la misma que fue aplastada en su última presentación, las lesiones de Oribe Peralta y Javier Hernández te impidieron repetir en su totalidad la lista, y después se fueron cayendo otros por lesión. Si en México existen aspectos de la vida cotidiana mucho más valiosos y comprometedores que la pelota en donde no existe consecuencia alguna por su incumplimiento o impunidad, por qué había de ser diferente en la Selección Nacional.
El deporte es un simple reflejo de nuestra sociedad, lo extraño es que tú, Juan Carlos Osorio, llevas poco tiempo en nuestra nación como para que hayas entrado en esta triste dinámica de no proponer cambios estructurales, de no animarte a tomar bravías, pero necesarias resoluciones, de expiar profundamente a un cofradía que ha evidenciado señales de incompetencia y burguesía.
Sólo tú sabrás si el haber llamado a los mismos jugadores es una extraña muestra de castigo, obligándolos a medianamente intentar, aunque no quieran ni puedan, componer un poco la fachada de la casa que quedó en ruinas. Coincido con algunas de las tibias voces de los seleccionados, al decir que no puede uno atascarse en el pasado ni en aquella deleznable noche del 0-7, así como también creo que será un tatuaje que llevarán visiblemente por siempre.
Se viene El Salvador en el espinoso Cuscatlán y Honduras en el Estadio Azteca, ambas selecciones fueron amenazantes hace ya mucho, hoy son simplemente pálidos esbozos del ayer. México no deberá tener problema en resolver ambos compromisos, no existe riesgo alguno en estos dos juegos restantes de la eliminatoria, tampoco atino a observar gruesos aguijones en el horizonte del próximo Hexagonal.
México estará en Rusia 2018 y esta generación que en su etapa de supuesta madurez ha cometido varios agravios tendrá su última oportunidad de resarcirse, sin duda la pelota es sumamente generosa con quien en ocasiones no lo merece.
Otra de las notas es tu regreso a la Selección Argentina Lionel Messi, cosa más agradable no puede existir, que el balón pudiera prescindir de uno de sus máximos exponentes nos jodería a todos sin importar nacionalidades. Me gustó mucho tu pulcra charla Edgardo Bauza, con el extraterrestre que juega en el Barcelona y que vas a cobijar con bien, señalándole que inconformes y mentecatos siempre han existido, pero que unos cuantos no pueden inferir en decisiones mayúsculas. Volvimos y volveremos a disfrutarte Leo, enfundado con tu playera nacional, y eso siempre resulta una canija maravilla.
Y por último el otro álgido asunto fue tu debut Julen Lopetegui como nuevo seleccionador español, de forma inteligente fuiste condescendiente y le diste continuidad a la revolución deportiva que inició tu antecesor el gran Vicente del Bosque. Nombres y apellidos como los de Morata, Nolito, Vitolo, Lucas, Alcácer, Asensio, Bartra, Sergi Roberto, Saúl y Adrián nos hablan de una purificación medular en España, apoyados en algunos de los caciques de siempre.
Lopetegui ya le aseguraste a los tuyos y al planeta que si bien la materia prima debía sufrir una fina purga, lo que no se va a modificar un ápice es la ideología hace varios años enarbolada y hoy bien cimentada. Podrán cambiar los personajes, incluso la distribución de los futbolistas en la cancha, lo que no es, ni será parte del debate, son las formas, esas que tardaron décadas en forjar, ésas no se tocan.
Pues bien, el balón vuelve a rodar involucrando sentimientos nacionalistas, aspecto que nunca pasará desapercibido por más que se esté viviendo en el cielo o en el infierno.