No es el frío y tampoco es el calor. Es el futbol
La temperatura en la cancha se elevará de forma considerable y puede ser que alrededor de ella haya un poco más de pasión y hasta de animadversión, pero lo que no puede cambiar es la idea, la intensidad y el carácter que México mostró el viernes cuando comenzaba el Hexagonal Final de la Concacaf.
México tiene una cita seria y comprometedora esta noche en Panamá. La selección canalera ha crecido de forma considerable en los últimos tiempos. No hay que olvidar que tuvo una valiosa ocasión de borrar del Mundial de Brasil, históricamente, a México en la pasada Eliminatoria y que, en parte, puede que por su inexperiencia, terminó desperdiciando esa oportunidad. Hoy ha crecido más, empezó ganando en Honduras y aspira a pelear legítimamente por un puesto en Rusia 2018.
Pero el equipo de Juan Carlos Osorio tiene que salir a jugar con la misma intención y forma que tuvo en Columbus hace tres días. Si lo hace, no tendrá ningún problema para competir y traerse los puntos que le signifiquen un extraordinario inicio de la Eliminatoria.
El viernes quedó en el pasado. Hoy es otro día. Más allá del resultado, que fue extraordinario y que ha servido para romper con una hegemonía y con una racha que muchos empezaban a llamar como una ‘maldición’, está, primero, el mensaje que el entrenador, un entrenador aparentemente presionado, envió desde la alineación, donde le dio cabida a hombres de ofensiva. Luego, la manera, la intención mexicana de tener el balón, controlar los tiempos e ir por la portería contraria y finalmente, la determinación, la personalidad con la que México disputó cada minuto del partido, aun en los ‘dulces’ momentos de la primera mitad, las dificultades del segundo tiempo y la explosión final para el gol de la victoria. Jugando así, no habrá forma de meterse en dificultades o contratiempos en la Eliminatoria.
Rafael Márquez dijo antes del juego ante Estados Unidos que ésta era la mejor generación de futbolistas en la historia del futbol mexicano. Y puede que sí, puede que lo sea, amparado en el número de jugadores que actúan en Ligas europeas y el momento que tienen algunos de ellos, pero aunque potencialmente lo sean, tendrán que ofrecer los resultados a los que nunca jamás se ha atrevido el futbol mexicano para darnos una certeza de ello. Y para eso, hará falta trabajo, tiempo y oportunidades. La Eliminatoria es casi una asignatura obligada. Después, vendrán otra clase de retos: la Copa Confederaciones, el Mundial, ocasiones propicias, también, para matar de una vez y para siempre todos los fantasmas del 0-7 ante Chile en la Copa América. Por ahora y por siempre, lo esencial es el estilo y la determinación con la que se afronten los partidos.
Otra de las grandes repercusiones del triunfo del viernes es la confianza que generará no sólo en los futbolistas, también en el entrenador y en las cúpulas dirigenciales del futbol mexicano. Aunque en el camino pueden suceder muchas cosas, me atrevo a decir que la victoria ante Estados Unidos le ha asegurado a Juan Carlos Osorio su continuidad hasta Rusia 2018. Lo que más aplaudo de él es que haya salido a jugar el viernes sin ningún temor o esencia de lo que había significado, y sigue significando, la terrible caída ante Chile en la Copa América. El mensaje de Osorio fue claro y trascendente: “Vamos por el triunfo”. Sigo pensando que la Federación Mexicana no se equivocó cuando lo eligió como el entrenador de la Selección Nacional.
Noche complicada, la de hoy, para México en Panamá, pero nada que no se pueda resolver si se mantienen los niveles, las formas y las personalidades del viernes en Columbus. Esto no se trata de frío o de calor, se trata sólo de futbol.