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Nocaut a las emociones

Columna David Faitelson 05-05-2017

LAS VEGAS, Nevada.- Casi todo en el boxeo está basado en sensaciones. Las emociones son capaces de transformar la realidad y convertir lo caliente en frío, lo bueno en malo. Aquél que logre controlar mejor esas percepciones, o emociones, tendrá al final del día más posibilidades de abandonar victorioso el cuadrilátero.

Saúl ‘Canelo’ Álvarez aparece con un semblante serio, pensativo, por momentos con el ceño fruncido. Julio César Chávez Jr. luce unos enormes lentes para el sol (y eso que no hay demasiada luz dentro del imponente teatro KA del Cirque du Soleil) y sonríe tímidamente mientras mueve nerviosamente las manos y las piernas. ¿Qué esconde cada uno de ellos a tan sólo unas horas de que suban al cuadrilátero de la T-Mobile Arena?, ¿Qué hay detrás de la imagen impávida del Canelo? ¿Qué esconde Chávez Jr. mientras reclina el cuerpo y descansa los brazos sobre las piernas?

La respuesta es… miedo, ¡el miedo!
Canelo tiene ‘miedo’ de que finalmente no pueda responder a su etiqueta de gran favorito para la pelea. Va a combatir por primera vez en su carrera ante un boxeador más grande, más pesado, en una división que ciertamente no es, o no ha sido, la suya. En eso se concentran sus dudas mientras acaricia la botella de agua que le han colocado delante, en la mesa de la conferencia de prensa.

Y Chávez Jr. ha vivido con ‘miedo’ desde el mismo día en que debutó en el boxeo profesional amparado por un apellido sagrado y glorioso para el deporte. Él sabe que ha perdido tiempo, que ha desperdiciado oportunidades y que la de este sábado, a sus 31 años, puede ser la última llamada para rescatar su carrera: ¿Ser o no ser?  

Canelo es y será favorito, incluso después de que suene la campana y hasta que Chávez diga otra cosa sobre el cuadrilátero. Ha hecho una carrera más regular y firme, aunque algunos creemos que a sus 26 años (casi 27) no ha terminado por transformarse en el boxeador completo que él, sus allegados, y una parte de la crítica, han prometido. Álvarez es un boxeador fuerte, de puños poderosos, de un gran contraataque, pero limitado en otras técnicas que son parte fundamental para instalarlo como uno de los jerarcas del boxeo de todos los tiempos.

Chávez Jr. ha sostenido la mejor preparación de su carrera. Ha llegado, finalmente, a una ceremonia de pesaje sin la debilidad que le significaba perder tanto peso en tan poco tiempo. Eso nos puede asegurar que veremos un Chávez diferente, apoyado en una fortaleza física y comportándose en el ring como nunca lo ha hecho en toda su carrera.

¿Cuánto impone la báscula? La pelea ha sido colocada en un peso pactado (catch weight de 164.5 libras). Chávez ha tenido que trabajar y comer a consciencia para dar ese límite y Canelo ha subido a un peso (el mediano) donde piensa instalarse definitivamente. A la hora de la pelea, ambos subirán en 175 libras o por encima de ese peso (¡en la división de los semicompletos!). Generalmente, el ‘grande’ le gana al ‘chico’, pero éste no es el patio de la escuela secundaria. Éste es un ring de boxeo donde intervienen otros factores muchos más profesionales y profundos. Chávez será más pesado, pero Canelo será más veloz. Veremos quién se adapta mejor a esas condiciones.

¿Qué espero yo? Que los estilos se descompongan, que al final puedan más las emociones que los planes o las tácticas, y que ello se transforme en una ‘guerra’ sobre el ring, de toma y daca, de poder a poder, sin contemplaciones, con peligros latentes para la integridad física de los pugilistas y con una pelea de corazón más que de cabeza o inteligencia. Al final, quien domine más esas emociones, las emociones dentro de las propias emociones, tendrá más posibilidades de salir victorioso.

¿Mi pronóstico? Basado en lo poco que sé de boxeo y en lo mucho que sé de emociones, creo que Chávez Jr. ganará una pelea de alarido, de sangre, de fuego por una decisión dividida que no se alejará de la controversia que es clásica de este deporte.

Emociones, emociones… Canelo y Chávez deben, antes que nada, noquear a las emociones.