Puercos, cerdos y marranos
La aparente victoria de Alfredo del Mazo en el Estado de México sólo se explica a partir de la coordinación general que de su campaña fue llevada a cabo directamente desde Los Pinos, en donde no sólo su inquilino, sino el gabinete en su totalidad, acudió a dicha entidad a lo largo del año en decenas de ocasiones, activando toda clase de programas sociales, inaugurando obras, prometiendo carreteras, hospitales, etc., etc. La consigna era clara: retener al costo que fuera la gubernatura de ese estado e impedir el arribo del “populismo autoritario” representado por López Obrador, a través de la “requete” candidata Delfina Gómez.
Eruviel Ávila ganó la gubernatura del Edomex en el 2011 con casi el 65% de la votación, equivalente a 3 millones de votos; Del Mazo lo hace ahora con apenas el 33.72%, representando menos de 2 millones de votos, siguiéndole Morena con el 30.81%, PRD con el 17.82% y el PAN con el 11.27% del total de los apenas 5,7 millones de votos sufragados, de un padrón de 11.3 millones de electores registrados. En Coahuila, el virtual ganador de la gubernatura lo hace con el 38.3% de los votos, mientras que el candidato del PAN obtuvo, en apariencia, el 36.8% de los sufragios en ese estado, habiendo una diferencia de menos de 30 mil votos entre ambos.
El tema a destacar en esta ocasión no lo es la nutrida participación de puercos, cerdos y marranos en este proceso electoral, haciéndose presentes y visibles a través de la tradicional entrega de estufas, tinacos, despensas, tarjetas de débito con unos cuantos pesos y acarreados por doquier a cargo de todos los partidos políticos, ante la impávida mirada de los institutos electorales estatales y la inexplicable pasividad del Instituto Nacional Electoral.
El tema central en realidad es la urgente necesidad de aprobar el mecanismo de la Segunda Vuelta Electoral, para impedir, a toda costa, que candidatos como Del Mazo en el Edomex o Riquelme en Coahuila, gobiernen estados en donde, al menos, 7 de cada 10 electores votaron en su contra. No es un tema de partidos políticos. Habría sucedido lo mismo con los candidatos de oposición si hubieren resultado ganadores. Se trata de un tema de simple gobernabilidad. Si un candidato no logra obtener el 50% + 1 de los votos sufragados en la primera vuelta, debe obligatoriamente celebrarse una segunda con los dos que obtuvieron el mayor de número de votos, de suerte tal que el ganador lo haga con al menos una mayoría relativa de los votos emitidos. Con un sistema de esa naturaleza se impediría, o al menos se reduciría notablemente, la posibilidad de que el partido en el poder se aproveche del fraccionamiento de los votos de la oposición y gobierne el estado de que se trate con una auténtica legitimidad. Aún estamos a tiempo para lograr una reforma Constitucional con miras a la elección presidencial del 2018, aunque dudo mucho que haya voluntad política para lograrlo. O tú, ¿qué opinas al respecto?