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¿Qué hace el deporte con 25 mil mdp?

Columna Gerardo Velázquez 09-08-2016

El desalentador inicio de la delegación mexicana en Río 2016 es lo mismo que ha sucedido en todas las ediciones olímpicas. No hay nada nuevo, un deporte maltratado por políticos que se creen más importantes que los deportistas y que gastan el dinero de los impuestos de los mexicanos en sus propios intereses. Apoyos existen, el gobierno federal otorga amplios recursos, pero llegan a manos de parásitos que nada tienen que ver con el desarrollo deportivo.

El trabajo y las labores de la Conade y el COM deben ser cuestionados, enjuiciados. No nada más las cuentas que pide Alfredo Castillo a las federaciones, también qué está pasando con los entrenadores, con los metodólogos, con las áreas de desarrollo deportivo de nuestro país. En dónde se invierte el dinero de usted, el mío. Parece inútil, o cambian la estructura de fondo o seguirán las cosas iguales, y cada vez que haya Juegos Olímpicos sólo esperaremos una destacada actuación de uno o dos ‘garbanzos de a libra’.

En el sexenio de Enrique Peña Nieto se ha otorgado el presupuesto más alto en la historia del deporte mexicano, alrededor de 25 mil millones de pesos, es por ello que es difícil explicar qué es lo que sucede con estos atletas que han quedado eliminados uno tras otro y de manera dramática. La Conade es la encargada de asignar ese dinero, mientras que el COM es el órgano que trabaja directamente con las federaciones. En el sexenio anterior, el presupuesto que le entregaron a Bernardo de la Garza rondó los 20 mil millones de pesos, mientras que a Nelson Vargas le dieron cerca de 5 mil millones de pesos. Es decir, en casi 14 años se han gastado 50 mil millones de pesos de los mexicanos trabajadores que pagan puntualmente impuestos, en el desarrollo del deporte. Obvio, no todo es para deportistas olímpicos o de alto rendimiento, pero es una barbaridad de dinero. En este periodo se han ganado 15 medallas olímpicas, solamente dos de ellas de oro.

Durante el proceso a Río 2016, el deporte mexicano se dividió y eso solamente fueron más piedras en el camino para los deportistas. Está claro que antes de la ridícula tregua que firmaron estos dos organismos para viajar cómodamente a Brasil, las disputas entre Alfredo Castillo y Carlos Padilla Becerra desviaron la atención a lo más importante en esos momentos: el seguimiento puntual de la preparación de los deportistas mexicanos, que comenzaron a hacer lo que querían al darse cuenta de la falta de liderazgo en la cabeza deportiva, avalando lo que sus presidentes señalados de corruptos hacían.

Es el deporte mexicano un deporte de quejas constantes de deportistas inconformes, que tienen que soportar cómo trabajan erróneamente sus federaciones, pero por el miedo a que tomen represalias contra ellos, callan, hacen como si no pasara nada. No se trata de quién tiene la razón entre Alfredo Castillo y Carlos Padilla, dos organismos que seguirán existiendo con o sin ellos al frente. Se trata de cerrar filas y reagrupar, de meter a la cárcel a quienes sean corruptos, de no permitir que sigan tirando el dinero a la basura y que haya control. ¿Cómo sucederá esto? Simple, al entender que el deporte necesita una estructura autónoma de cualquier dependencia gubernamental, de crear el Ministerio del Deporte y, obviamente, que el encargado sea una persona que tenga amplios conocimientos en administración deportiva, no políticos que pueden pasar de dependencia en dependencia sin importar de qué se trate.

Hoy el cuestionamiento injustamente recae sobre Aída Román o sobre el equipo de tiro con arco, sin entender que tuvieron que cambiar de entrenador, lo que al final cambió todo respecto a lo hecho en Londres 2012. Éste es otro error de los dirigentes del deporte en nuestro país, que no aprovechan a los buenos entrenadores que llegan y en muchas ocasiones contratan a otros que no tienen la capacidad para dar resultados. Hoy los juicios van sobre Joselito Velázquez o sobre los estupendos clavadistas Germán Sánchez e Iván García, cuando en realidad el presidente de la Federación de Boxeo lleva más de 25 años en su cargo y no ha pasado nada, o el de Natación que solamente está preocupado por defenderse de las críticas y apoyar a los clavadistas, olvidándose de las demás disciplinas acuáticas.

Pobres atletas, vivir en medio de tanta grilla y sobre todo de tanta inconsistencia en planes y metas hace que su futuro siempre sea incierto. Tantos millones de pesos que ni los ven, porque entre los presidentes de federaciones, infraestructura, planes de deporte masivo y popular y algunos otros rubros más que deberían ser auditados, se les van, se les van.

Hoy los responsables, los culpables de un fracaso no son los deportistas, pese a declaraciones arrogantes como la de Aída Román a León Lecanda de ESPN. Hoy los deportistas sufren más que nunca al ver al deporte mexicano dividido, donde nadie parece hacer nada para mejorarlo y solamente esperan a que caiga una medalla para irla a presumir a Los Pinos y gritar a los cuatro vientos un ‘éxito’ más de nuestro país.

La única federación autónoma del gobierno es la de futbol. Autosuficiente, generadora de sus propios recursos. Un ente al que se le critica por muchas cosas, pero nunca por malos manejos de dinero, donde tienen una estructura sólida y donde los socios tienen muy claro en dónde se gasta el dinero que generan. En las demás federaciones deportivas no es así, nadie sabe, nadie supo, pero millones de pesos son tirados a la basura.

Todavía quedan mexicanos en la agenda de los deportes que son considerados opciones de medallas para un país, en el que sus dirigentes, sobre todo los del Comité Olímpico Mexicano, pronosticaron cuando menos igualar la marca conseguida hace cuatro años, que fue de siete preseas.

Faltan por participar Alejandra Valencia y Gabriela Bayardo en el tiro con arco, aunque con rankings muy bajos. Crisanto Grajales en triatlón, María del Rosario Espinoza en taekwondo, Iván García y Rommel Pacheco en clavados individual, Paola Espinosa y Alejandra Orozco también en clavados y, por su puesto, el futbol, con todo y las bajas de Oribe Peralta y Rodolfo Pizarro.

Ocho posibilidades de medallas para al menos conseguir una, pero así como van las cosas en Río, que no nos sorprenda que se acumulen más fracasos que triunfos en estos Juegos Olímpicos, que han sido una pesadilla para el deporte mexicano.