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Rafael Márquez, pletórico

García 08-11-2016

Hacía ya varias semanas que no tenía la posibilidad de verte jugar en vivo, no mediante la televisión, y más que oportunidad, tendría que decir la delicia de observarte con el juego y la pelota desde una dimensión casi desconocida como sueles hacerlo.

Fue ante el América hace tres días que me volviste hacer gozar del futbol, me volviste a detonar los sentidos, me volviste a emocionar por esa gloriosa lectura de juego que posees y que solventa situaciones mundanas y atroces a la vez.

Debido a las grotescas lesiones de tus compañeros centrales colombianos, Leiton Jiménez y Stiven Barreiro, has tenido que volver a tu sitio de origen como defensor central, demarcación que te llevó a la luna por tu pulcro manejo de la misma y tu solvencia técnica que debería ser patrimonio de nuestra nación. El sábado por la noche, mientras los demás se vistieron de corto y se ponían sus uniformes, tú decidiste hurgar en tu guardarropa y ponerte la fastuosa indumentaria que usas para impartir cátedra, esa refinada vestimenta que utilizas con gustosa redundancia, ese atuendo que cuando concluyen los partidos luce impoluto sin una gota de sudor, porque durante toda tu carrera has remediado los más enredados galimatías con el cerebro y no con el músculo.

Iniciando la confrontación contra el gallardo América nos regalaste varias jugadas in extremis defensivamente hablando, la primera fue sencillamente sublime. Cuando los de amarillo mandaban en el cotejo; cosa que en el primer tiempo fue sólo al principio, Michael Arroyo condujo la pelota con gracia y voracidad traspasando como daga las líneas rojinegras. Tú eras el último de la retaguardia y te encontrabas tres contra uno en desventaja, y de la nada, como un tigre en plena rebeldía, diste un salto mortal y con ese simple armónico movimiento hacia adelante redujiste tu amplia inferioridad en uno contra uno, y de paso le pillaste por sorpresa el balón a tu oponente con una combinación de delirio y galanteo.

Poco después de esta precisa y maquiavélica maniobra tiraste la línea para dejar un par de ocasiones en fuera de lugar a los delanteros rivales de la misma manera como si estuvieras jugando con tus hijos en el jardín de tu casa.

Y no me refiero que los ofensores del América sean fáciles de timar, nada de eso, son tipos sumamente poderosos, me refiero a la naturalidad y gracia que tienes para achicar la cancha sin que se te mueva un solo pelo de tu tan vanguardista peinado. Posterior a que tuviste que rayar en la urgencia defensiva, te dedicaste a seducir a la pelota tratándola con esa diferencia tan característica tuya que roza lo sensual, la cobijaste tan bien bajo tu regazo que fue a partir de tus exquisitos pies que el Atlas comenzó a mandar en el duelo. Tocabas y te movías para hacerte elegible con una soltura como si estuvieras bailando en el Lago de los Cisnes. Tú no entiendes el juego si no es mediante la elegancia, al juego tú lo veneras y él te venera a ti, es por ello que se fusionan de tal manera que resulta imposible encontrar un resquicio de incomprensión entre el futbol y tú. Te diste tiempo incluso para bromear en pleno partido con tu maestro y amigo Ricardo La Volpe, eso sí, tapándote la boca con la mano para que los medios no supiéramos qué decías.

Aunque no existe un ápice de duda que tú puedes hablar de lo que se te venga en gana y todos estaremos sumamente atentos a tus palabras. Las risas de ambos delató esa complicidad que solamente logran establecer cuando se reconocen los genios, los artistas, los diferentes. Eres un futbolista con una loca imaginación, se podría pensar que incluso eres un vidente, esos extraños y existentes personajes que intuyen que va a suceder a continuación, que intuyen el pensamiento y el sentir del contrario, que intuyen sin mayor esfuerzo cuál es la siguiente movida de su antagonista.

Sin mayor esfuerzo llevas cada jugada y el derrotero de cada jugada al paraje que más te conviene para salir victorioso, sin un rasguño de la contienda, y lo más lindo de lo anterior es que en ningún momento permites que la presunción te envuelva.

Sencillamente aprovechas con probada humildad el vivir un paso por delante de los demás. Por naturales razones volviste a ser convocado con la Selección Nacional, que aunque el viernes inicia una nueva aventura, hoy es una turbulenta morada, la cual necesita que su cacique; que a pesar de algunos jugadores sumamente mediáticos no es nadie más que tú, la ponga en orden, establezca reglas y logre por fin que se autogestione. 

Esto lo llevas haciendo múltiples años, y coqueteando en la cornisa de las suposiciones, supongo debes estar hasta cansado de hacerlo, pues bien, como tú mismo has reconocido; y no hay que ser un genio para darse cuenta, sabes que la puerta de salida está próxima, muy próxima. Es por ello que deberás concentrar fuerzas para brindar las últimas severas lecciones a quienes les dejarás las llaves del nirvana. 

Tu legado es enorme, y cada hora, día, semana, mes y partido que pasa se ensancha de manera capital, y la joya de juego quehiciste el favor de regalarnos el sábado en el santuario del Estadio Jalisco, es otra muestra y confirmación de ello.