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Realidad o ficción

Columna Martinoli 09-11-2017

Por lo menos una vez al año la Federación Mexicana de Futbol se olvidó de hacer negocio y buscó mejores parámetros deportivos para probar una vez más los reales alcances de la Selección Nacional en el plano internacional.

Los moleros de toda la vida, más la eliminatoria y el torneo oficial de la Concacaf tienen atado al cuadro azteca. Todos están cómodos y seguros porque, por un lado, las arcas siguen sanas y, por otro, los riesgos de error, que los hay más seguido de lo que pensamos, medianamente llegan a estar controlados.

La Selección Mexicana y sus rivales saben poderoso al Tricolor y, por ende, la escuadra nacional vive en su zona de confort.

Un confort que se acaba cuando contrincantes de primera categoría se presentan frente a la camiseta verde. Ahí al momento de jugar a eliminación directa, la historia es la misma y la conocemos todos muy bien. 

Por ello es de reconocer el enfrentar a dos cuadros importantes del mundo del futbol, que si bien viven alejados de los grandes anales de la historia, con contadas excepciones, son cuadros que sin tanto glamour mediático viven un presente dulce y competitivo.

Bélgica, con una de sus mejores generaciones, encontró en el crisol de razas una maravilla colectiva que lo hace candidato como mínimo a estar en los Cuartos de Final de la próxima Copa del Mundo. En todas las líneas maneja nombres propios de enorme jerarquía y con un Mundial a cuestas, los hace una selección extremadamente peligrosa, gracias a la dinámica y virtuosismo saludos sobre todo de sus ofensores.

Mientras que el cuadro de Polonia, bajo otro parámetro colectivo, descansa su éxito en la fortaleza física, el esfuerzo por el bien común y el poseer un nueve como Robert Lewandoski, quien es uno de los mejores futbolistas del planeta y para muchos el mejor centro delantero que existe en estos momentos.

Dos equipos diferentes, pero de alta gama, no tan mediáticos como otros, pero sí con una actualidad sin discusión. Además visitarlos le suma una aderezo extra de complejidad para un Tri que está acostumbrado a jugar en calidad de local casi siempre.

Estos juegos bienvenidos todos, porque acá es donde poco a poco se forja el carácter, se nota la exigencia y se ven realidades. Es con este tipo de partidos donde de a poco los sueños pueden convertirse en realidad, o por lo menos en una cuestión medianamente tangible, fundamentada; esa que hasta ahora reposa únicamente en la ilusión colectiva basada en su sentido patriótico desmedido y no por el momento, en la dura verdad, de observar a once contra once y una pelota en medio.