Ricardo Rodríguez, una leyenda del automovilismo mexicano
CÉSAR HERRERA
A Ricardo Rodríguez sólo le costó unos años convertirse en una estrella del automovilismo mundial. A los 20, firmado por Ferrari, el mundo estaba a sus pies. Pero el destino quiso otra cosa. Al joven mexicano, alcanzar el estatus de leyenda, le costó apenas un instante.
Hace 50 años, el 1 de noviembre de 1962, en el flamante Autódromo de la Magdalena Mixiuhca, en el primer día de actividades del esperado Gran Premio de Fórmula Uno en México, Ricardo encontró la muerte tras sufrir un grave accidente en la curva Peraltada.
Octubre de 1962. Ricardo había sido confirmado como piloto de tiempo completo de Ferrari para la campaña de 1963. El GP de México, en su versión inaugural, no fue puntuable en el campeonato, por lo que en la Scuderia declinaron su participación.
Pero Ricardo, por supuesto, no podía dejar de correr en casa, en su pista. Pedro, su padre, gestionó la renta de dos autos reserva del equipo Lotus para que sus hijos, Ricardo y Pedro —quien no estaba contratado por ninguna escudería— pudieran correr la prueba.
El 1 de noviembre, un jueves, arrancó la actividad del GP. El Lotus de Ricardo, marcado con el número 1, estuvo listo a tiempo, no así el de Pedro. Como estaba previsto, el menor de los Rodríguez dominó la primera sesión de entrenamientos.
Ricardo estaba por marcharse del circuito para atender una cena en honor a los pilotos participantes. De acuerdo al libro ‘Los Hermanos Rodríguez’, de Carlos Jalife, y a Rodolfo Sánchez Noya, periodista que cubrió la carrera, Rodríguez decidió dar una vuelta más.
Dos habrían sido las razones por las que Ricardo subió a su auto cuando ya no estaba previsto: el británico John Surtees acababa de marcar un tiempo más veloz, y sus mecánicos mejoraron la carburación de su Lotus y le pidieron probarlo, secundados por su padre.
Sánchez Noya, testigo del percance, describe que en su recorrido sobre la curva peraltada, el Lotus hizo un "extraño”, se salió de la línea de trayectoria y giró bruscamente hacia la izquierda, contra el riel de protección superior.
El auto golpeó de frente, rebotó, giró hacia atrás y pegó de nuevo en la misma protección. En el impacto, Ricardo salió expulsado y cayó sobre el riel, que, literalmente, cortó su cuerpo a la mitad. Rodríguez murió casi al instante, en la pista. Su brillante futuro se apagó, pero nació la leyenda.
Síguenos también en Twitter: @Record_Mexico y en Facebook: /RÉCORD