Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora! Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora!

Santos le arrebató una igualada al América

Columna Felipe Morales 24-04-17

Al América se le escapó un empate como a quien se le esfuma la motivación y vive en el laberinto de la depresión. Santos le arrancó del pecho una igualada en el último vapor de un partido frenéticamente ingobernable. Las Águilas no sonríen. Esta vez ni con su calculador futbol ni con un resultado arrebatado.

En La Comarca existió una puesta en escena genuina desde su atrevimiento. En un inicio el partido fue una brújula sin Norte, descalibrada en términos defensivos y arrojada en su búsqueda de red.

Santos hacía de cada ocasión una advertencia, inconclusa, pero autoritaria, porque ya había inclinado la cancha. Su permanente presencia en el marco de un Agustín Marchesín, en estado de gracia, sugería revancha.

Fue Jonathan Rodríguez quien en dos tiempos hizo de un centro un remate de media vuelta. El uruguayo recibió y giró con el remate anticipado en la mente. La Comarca rugía llena de presente.

Pero cuenta la leyenda que hace 33 años, a 15 kilómetros de Torreón, nació el ‘Héroe de la Partida’, que volvía a la tierra prometida. Oribe Peralta, ataviado con la casaca del América, remató de cabeza un tiro de esquina.

Oribe marcó su gol 150 en el futbol mexicano y como impulsado por un reflejo, besó su tierra. El beso al pasto de Torreón fue la confirmación del ídolo que mató con un gol, pero que aclaró que su amor nunca murió.

Esos son los problemas de los ídolos. Los goles ajenos les hieren. Los propios les duelen. Saldado aquel momento ceremonial, en el que Peralta le anotó al pasado en el presente, el América se replegó, con la pericia del que cuando le hablan no alza la cara y solo asiente.

Pero Santos no supo de resignaciones y se vistió de pelota. Arrojado, como el que más, intentó con disparos improbables, que serían fulminantes, a través de un intento furioso de Diego de Buen, que encontró un desvío amistoso.

En el último segundo del partido, José Manuel de la Torre le cantó el gol a Ricardo La Volpe y le gritó casi en la cara una advertencia llena de realidad y reloj: “¡Se acabó!”.

Al final, Oribe Peralta besó la tierra que lo vio nacer y se fue de ella con el América, al que vio morir con aquel gol afilado...