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Sebastian Vettel, un ascenso meteórico en cuatro años

Sebastian saluda al público luego de ganar el GP de India | AP
Los cuatro títulos del alemán no han sido el límite para un piloto que escribe una era que está muy lejos de llegar a su final

CÉSAR HERRERA

Sebastian Vettel y Mark Webber, acompañados por Christian Horner y Adrian Newey, director y jefe técnico de Red Bull, respectivamente, saludaron a la prensa reunida en el hospitality del equipo en el Circuit de la Comunitat Valenciana. Tomaron sus asientos y atendieron el bombardeo de preguntas. El alemán, sonriente, acaparó la atención; el australiano, serio, casi distante, fue el que menos habló.

Era la primera rueda de prensa del flamante equipo Campeón de Fórmula Uno, en el inicio de los ensayos de pretemporada de 2011. Apenas 10 semanas antes, Vettel se había convertido, contra los pronósticos, en el ganador del Mundial de F1 más joven de la historia, tras vencer en una cerrada doble batalla a Webber y al español Fernando Alonso (Ferrari).

La batalla en Abu Dhabi, el 14 noviembre de 2010, el último GP de ese año, terminó por representar un punto de inflexión en la historia del automovilismo contemporáneo.

Esa noche en el Medio Oriente, Webber perdió el pulso, fue vencido definitivamente por su joven coequipero, quien llegó a Red Bull en 2009 precedido de varios récords de precocidad que le anticipaban un futuro de superestrella.

Lo de Abu Dhabi también fue un golpe fulminante para Alonso y, sobre todo, para Ferrari, que con un error de estrategia condenó a su recién llegada estrella. Vettel liquidó ahí por adelantado al que hasta ahora es su rival más fuerte: Fernando.

Hace tres años, el talento extraordinario de ‘Seb’ lo hizo ser Campeón, a pesar de que su inexperiencia casi lo deja con las manos vacías. Aquella mañana de febrero de 2011, en Cheste, a las afueras de Valencia, Red Bull presentó el RB7, un auto infinitamente superior a su predecesor que en los siguientes meses le permitió a Vettel barrer la parrilla para convertirse en Bicampeón.

Lo que sucedió el domingo pasado, en India, es sólo la sucesión de eventos que desencadenó una carrera para la historia bajo las luces del circuito Yas Marina. Desde esa noche de 2010, Vettel ha utilizado cada sesión, cada calificación, cada Gran Premio, para hacerse más fuerte, para potenciar sus cualidades y minimizar sus debilidades.

‘Seb’, el ‘chico maravilla’ y hoy cuatro veces Campeón Mundial de F1, es un monstruo de la pista, un depredador al volante. Inteligente y eficaz todas las veces. Frío y resolutivo cuando es necesario, pero también con la pasión y la sangre caliente como para desobedecer órdenes del pit wall cuando lo cree necesario. Parece que, incluso, los increíbles abucheos de sus detractores terminaron por fortalecerlo.

Nadie debe dudarlo. Sebastian es el mejor piloto del mundo y al mando de un auto también extraordinario, el resultado no puede ser más que el ya visto. Atención, que la ‘era Vettel’ de la F1 está lejos de su final.

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