Sentimientos encontrados
Me llena de emoción estar nuevamente compartiendo con ustedes el espacio que me confía semana a semana este finísimo periódico.
Me siento emocionado porque en unas horas emprendo el camino a Monterrey para participar en la función de Héroes Inmortales. Les confieso que tengo sentimientos encontrados, provocados por dicho evento, porque me recuerda a mi padre luchístico, el Licenciado Antonio Peña.
Han pasado diez años desde su partida y su ausencia sigue pesando en el ánimo de todos los que lo conocimos. Una de las razones principales es que fue la persona más creativa que se pudieran imaginar. Desde que veía a una persona que tenía cualidades para ser luchador pensaba en los personajes a los que podría darles vida arriba del ring, y sus decisiones al respecto siempre eran un éxito. No les voy a mentir, también tenía su carácter, era una persona exigente, pero sus luchadores nunca se lo tomábamos a mal porque sus consejos estaban encaminados a mejorar los resultados de todas sus funciones, pues para él, que su afición saliera satisfecha era lo más importante.
En ocasiones, aquí su servilleta bajaba del ring y se dirigía a los monitores donde el Licenciado Peña seguía las luchas de los eventos televisados. Me gustaba saber qué opinión tenía; sin embargo, muy serio me decía, a poco fuiste tú el que acaba de luchar, puedes hacerlo mejor. Le agradezco que me explicara que esta carrera implica ser muy fuerte, no solamente a nivel físico, sino también anímico para enfrentar las críticas negativas que se hacen sin fundamento.
Triple A está a punto de cumplir 25 años en el gusto de las personas que gustan de la lucha libre. Los cimientos que Antonio Peña le puso a su empresa siguen más firmes que nunca. Por eso me dirijo a todos los luchadores que en algún momento han dudado de la fortaleza de Triple A, no lo hagan, están en el lugar correcto para llevar sus carreras hasta la cima. Pero ellos también deben de poner su granito de arena, trabajar duro y ser humildes; el éxito de un luchador no le corresponde nada más a una empresa.
¡Chanclas Adelina! el responsable del éxito en el arte del pancracio es el luchador que ama subirse al ring y escuchar los gritos de los aficionados, pero está muy fácil llorar frente a las cámaras: “que si no me escuchan”, “que si no me pagan lo que merezco”, “que si no soy de los consentidos”. ¡Señores! cuando un luchador vale, el público lo pide, y las empresas como Triple A se los dan, los programan desde una Triplemanía, hasta el más recóndito de los pueblitos, así que... ¡Por favor! piensen antes de desinformar a algunos periodistas que sólo les gusta el amarillismo y repiten como pericos lo que ustedes les dicen. ¡No muerdan la mano que les da de comer!
Recuerden que en cualquier lugar del mundo las personas son necesarias, pero no indispensables. ¡Imagínense! eso es pecar de soberbia, y la lucha libre no es así. La lucha libre necesita ídolos que la amen, que en un momento dado dejen a un lado sus problemas personales, y que no la abaraten con chismes que ni siquiera pueden sustentar. Digo, también estaría bueno que platicaran los errores que cometen, la ayuda que reciben, porque en toda historia hay que presentar las dos partes y no nada más la que nos conviene.
¡Iuuuuuuuu! ya me andaba calentando, pero no se trata de eso. Esta columna está dedicada con todo mi corazón, mi agradecimiento, para el Licenciado Antonio Peña, el padre de la Era Moderna de la Lucha Libre Mexicana.... ¡Hasta la próxima! y recuerden que soy sereno, pero con la lucha libre... ¡Me desenfreno!