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Durante la semana sucedieron importantes eventos: desde el fracaso de los aliados de la OEA para emitir una resolución condenando al régimen dictatorial venezolano, hasta el muy preocupante reporte que indica que el pasado mes de mayo ha sido aquel en que más asesinatos se han cometido en todo lo que va de este sexenio (incluido el de Calderón). Sin embargo, dos son los temas que mayormente han captado la atención de la sociedad, uno por la notoria cobertura que ha tenido a lo largo de la semana, y el otro, por los enormes esfuerzos de los involucrados para enterrarlo.
No existe un sólo gobierno sobre la faz de la tierra que no haya colgado pájaros sobre el alambre. Las antiguas técnicas de espionaje, que suponían ponerle “cola” a los interesados, pasando por fotógrafos y más tarde la intervención de líneas de telefonía fija para posteriormente migrar a los aparatos móviles, han llegado a un grado de sofisticación tal, que, mediante el sembrado de ciertos programas de cómputo que se descargan al abrir vínculos en mensajes de texto enviados al celular del personaje a ser intervenido, permiten acceder a toda la información que en este se encuentra almacenada, lo mismo que controlar la cámara y el micrófono del teléfono móvil, todo ello de forma indetectable. Eso es lo que el hoy famoso ‘Pegasus’ permite realizar. De origen israelí, Pegasus es un software de espionaje de última generación adquirido, presuntamente, por el gobierno mexicano durante la gestión del agotado procurador Murillo Karam, y cuyos principales objetivos, según reporta el fidedigno diario The New York Times, han sido no solo narcotraficantes y personas de extrema peligrosidad para la sociedad, sino periodistas, defensores de derechos humanos y activistas sociales. Las evidencias del espionaje gubernamental son tristemente apabullantes. Durante el transcurso de la semana se anunció también que una fiscalía especial de delitos cometidos en contra de la libertad de expresión daría inicio a una investigación por la comisión del delito de intervención de comunicaciones. Esto me recuerda al otrora fiscal ‘Virgilius’, cuya encomienda de absolución presidencial atendió con prontitud y eficacia, a la que ‘Pegasus’ parece estar igualmente condenada. El gobierno federal, investigándose a sí mismo, es un chiste que se cuenta solo. “Tenemos un gobierno que espía a sus periodistas para enterarse, en privado, de todo aquello que diariamente le dicen en público” rezaba uno de los miles de tuits publicados al respecto.
Y quienes hacen denostados intentos por acallar la celestial madriza que se acomodaron los ‘alumnos’ del colegio Irlandés vs los del Instituto Cumbres durante la graduación de éstos últimos, son los representantes de los Legionarios de Cristo, a cuya congregación pertenecen ambas instituciones educativas. Mirreyes por doquier de ambos colegios acompañados de feroces guaruras se trenzaron a golpes frente a decenas de familias, maestros e invitados, cual si fueren ‘hinchas’ de equipos rivales en una cancha llanera de soccer o presos luchando por el control de una cárcel. Vergonzoso desde todos los ángulos que se quiera analizar, brillando sospechosamente por su ausencia, la intervención del gobierno capitalino.