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Si el futbol es un estado de ánimo, el América sonrío con las piernas

Columna Felipe Morales

Si el futbol es un estado de ánimo, el América sonrío con las piernas y le hizo guiños al futuro con una puesta en escena esporádicamente articulada, ante un Necaxa competitivo, presto y trabajado.

Las Águilas recuperaron la memoria con un entrenador interino y buscan motivos de lucidez en tiempos de decisiones en el Nido.

Una constelación encontró tres puntos cardinales, cuando Osvaldo Martínez elevó un balón hacia la coordenada del segundo poste, que se mezcló con las estrellas, para que Pablo Aguilar le diera continuidad con un recentro de cabeza, que, a la vez, encontró el cuello decidido de Paolo Goltz. Fue un gol espacial. La pelota viajó por toda la atmósfera sin caer en una demostración de astronomía futbolística.

Necaxa había sido más pragmático. Moisés Muñoz ya se había ensuciado las ropas al zambullirse, en una fracción de segundo, sobre un balón de billarista rojiblanco, que iba a la buchaca más lejana.

Pero entonces, el arco amarillo fue estremecido. Nadie había averiguado por qué o por quién, hasta que se descifró que un penalti nunca había sido cobrado con tanta fuerza y velocidad hacia la escuadra. Desde los once pasos, Edson Puch hizo una anotación que fue un trueno, desde su estruendo, y un rayo a partir de su imperceptibilidad. Una tormenta de cobro...

Cuando la cancha se inclinó hacia las Águilas, mitad por su funcionamiento y mitad por la miopía del arbitro, Michael Arroyo y sus bicicletas supersónicas que encontraron como conclusión el travesaño, donde debió existir un gol de museo.

Oribe también hizo del metal un esfuerzo inconcluso. Un poste fue el cuchillo frío clavado en el aliento americanista. Fue también la despresurización del dominio ese momento azulcrema.

Puch y su indescifrable manera de convertir balones en confeti, como consecuencia de tanta gambeta, tensó la trama hasta el final con una jugada interrumpida en el área chica por los guantes de imán de un Muñoz atinadamente salvador.

Así se consumió el partido. En la llama final de la hiperactividad. Con un América que busca director técnico de cara al juego contra Pumas, y un Necaxa entrenadamente invicto hace cinco partidos.