Tecatito y Chucky: entre realidad y fantasía
La realidad dice que no. La fantasía, como siempre, alberga una esperanza.
El futbolista diferente. Ese que piensa distinto, que aporta otra calidad, que puede ser y marcar la diferencia. El futbolista con que amagó ser Giovani y no quiso ser Vela. El que va más allá de la contundencia de Chicharito o del liderazgo de Guardado. El jugador con el que siempre ha soñado el futbol mexicano. El crack, la estrella, el Messi, el Maradona, el Pelé, el Neymar, el Iniesta, el Zidane por el que tanto hemos suspirado.
No existe. Y podría ser que ese futbolista jamás existirá, porque estamos casi todos de acuerdo en que los éxitos y los fracasos del futbol mexicano se darán a partir de su juego de conjunto. No hay, por más que busquemos por ahí, un futbolista que adquiera ese ‘papel’ y que sea capaz, por sí solo, de transformar la historia de las selecciones y del futbol mexicano. Ganamos todos, perdemos todos. Así ha sido siempre y nada augura que eso cambiará. Pero hay una esperanza que de pronto vuelve a asomarse.
El inicio de Hirving ‘Chucky’ Lozano en el futbol holandés (goles en sus primeros tres partidos) y la aparición magistral el domingo de Jesús ‘Tecatito’ Corona en el triunfo del Porto de la Liga de Portugal ha reabierto el horizonte y hasta una discusión sobre si un futbolista puede darle a México algo diferente en su futuro inmediato. Está claro que se trata de dos jugadores distintos. ¿Para qué están? ¿De qué dependen? ¿Serán decisivos en las aspiraciones mexicanas en el Mundial? ¿Pueden marcar la diferencia?
Corona y Lozano están en dos momentos diferentes de su consolidación futbolística, pero ambos parecen fundamentales para las aspiraciones que tendrá México el próximo verano en Rusia. Corona está comenzando su cuarta campaña en el futbol de Europa y a sus 24 años podría encontrarse en un sendero definitivo para definir su carrera. El nivel que ha mostrado en el futbol portugués le alcanza para subsistir ahí, pero parece claro que las expectativas siempre fueron mayores de acuerdo con las condiciones que posee. ¿Puede o debe intentar jugar en un nivel más desarrollado que el del Porto? La última Copa Confederaciones parecía un escenario ideal para mostrar sus aptitudes. Un tema familiar lo apartó del evento y ése ha sido, a final de cuentas, el mayor problema en la trayectoria del Tecatito: la continuidad. Aparecer de pronto con un par de buenas actuaciones, goles, luego desaparece y esa inconsistencia no le permite mantenerse en ‘el radar’ de los grandes de Europa.
Lozano es más joven y tiene pocos juegos en Holanda. En México tuvo una carrera sobresaliente, pero también mostró cierta irregularidad, sobre todo cuando afrontaba compromisos de gran responsabilidad. Habrá que verlo más tiempo en el PSV. Las afirmaciones (de su gran inicio) de que le queda ‘chica’ la Liga de Holanda son muy atrevidas. Hay que darle tiempo y espacio para seguir desarrollando su innegable talento futbolístico.
El Chucky y el Tecatito son dos jugadores diferentes. Llenos de un talento y de unas condiciones que envidiaría cualquier futbolista argentino, brasileño, español, italiano o alemán, pero también son parte del futbol mexicano. Nacieron con la mentalidad del futbolista mexicano y esa mentalidad incluye grandes parajes de inconsistencia. La inconsistencia es uno de los peores defectos del futbolista que quiere triunfar en un nivel superlativo. Le pasó a Giovani y después a Vela, cuando ‘acariciaron’ los niveles más desarrollados del juego.
No es la primera vez que México parece tener jugadores de una calidad que va por encima de la media. La pregunta es: ¿Podrán cambiar la historia Corona y Lozano? La respuesta no la sabemos. Hay un momento en la trayectoria de cada jugador donde tiene la oportunidad de dar el paso hacia el siguiente nivel y donde muchas veces no depende tanto de sus habilidades, sino de una fortaleza psicológica. Hugo Sánchez, con sus grandes habilidades como goleador, por ejemplo, la tuvo. Rafael Márquez, en una posición de alta responsabilidad, también supo alcanzar ese nivel. Los demás se quedaron en el intento.
Lo cierto es que el futbol mexicano ha encontrado un par de ‘joyas’ que debe pulir y aprovechar. Veremos si el Tecatito y el Chucky, como lo dicen sus apodos, son una realidad para el futbol mexicano o se quedan en una simple fantasía