Toluca y sus demonios
Algunos sabíamos que Toluca había adquirido más que una solución, un problema con la llegada de Sambueza, jugador de mala fama y buena técnica que hoy extrañan en América.
Con su suspensión, aunado al castigo de Triverio y el fracaso en Copa frente a Monarcas, el cuadro de Cristante entró en un camino sin retorno y con nubes por delante que ante un pronóstico reservado solventó de manera seria, sin luces, pero de forma correcta y contundente.
Alejada del espectáculo y la estética, pero cimentada bajo los guantes de Talavera, la escuadra roja se mantiene en primer sitio y con lugar garantizado en la Liguilla.
Para la vieja guardia que sufrimos con actuaciones ochenteras deprimentes y desabridas, esta actualidad no disgusta más allá del alejamiento al dulce que se supo defender y mantener gracias a los goles de Cardozo y las atajadas de Rolando Hernán. Tiempos que comienzan a tener polvo, pero que dejan exigencias en la grada.
Hoy, Toluca es un club con experiencia que necesita luchar contra los demonios de medianía que por instantes parecen inundarlo; sin embargo, en las últimas jornadas ha intentado recuperar el lugar de protagonismo deportivo que su abolengo y estirpe le obligan a tener por encima de plácemes centenarias.
Ningún equipo del balompié mexicano en este momento aparece como el claro favorito a la vuelta olímpica; el Diablo es uno de los que luchará por llevarse la gloria, pero todavía da la sensación que su juego tiene un par de escalones más para mejorar. Eso a la vez es bueno y malo, depende de qué lado se vea.