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Tres tristes tigres...

Columna José Luis Caballero 20-11-2016

¿Conoce usted a algún exgobernador pobre? ¿Se ha enterado que alguno viva únicamente de la pensión producto de su retiro? ¿Sabe de alguno que habite una vivienda parecida a la suya? ¿Ha visto a sus hijos asistir a la misma escuela que la de los suyos? ¿Ha visto a algún exgobernador conducir su propio vehículo o quizá caminar tranquilamente por la entidad que gobernó sin un numeroso e injustificable aparato de seguridad? ¿Lo ha visto alguna vez en un supermercado realizando junto a usted las compras cotidianas habituales? ¿Lo ha visto sentado en una sala de cine viendo una película con su esposa e hijos?

La respuesta a todas las preguntas formuladas será un NO categórico.

Convertidos en “virreyes” de los estados que gobiernan, administran y operan a placer, hoy la disputa entre estos selectos exservidores públicos parece consistir en quién deja más jodido al estado a la conclusión de su mandato, quién logra blindar mejor su salida a través de la aprobación exprés de la cuenta pública de la mano de congresos locales sumisos a la venia del gobernador en turno, quién logra ocultar más información bajo el ingenuo argumento de encontrarse “clasificada” y sólo poderse divulgar 15 o 20 años más tarde, quién logra tener más empresas fantasmas y más cuentas bancarias en el extranjero, quién convierte a más choferes, mucamas, secretarias y amantes en prodigiosos empresarios dueños de miles de metros de terreno en las reservas ecológicas del estado o en las zonas de playas más costosas de la región, o en propietarios de prósperas líneas navieras, quién logra ser el adquirente de los más costosos y selectos tiempos compartidos vitalicios en desarrollos inmobiliarios de súper lujo en Nueva York, Madrid, Londres o París, quién adquirió y le dio a sus hijos más automóviles de las marcas Ferrari, Porsche, Alfa Romeo o Maserati, quién se construyó el rancho más grande, quién el helipuerto más robusto, quién mandó erigir una presa o mejor aun, quién desvió el cauce de un río hacia su propio rancho dejando a la población sin acceso al vital líquido, quién se construyó una pista de aterrizaje en su propiedad rural. Una competencia perversa que supone, además, la existencia de una red de complicidades que por igual se salpica de los atroces e ilegales beneficios impulsados desde la cabeza. Otra red de cómplices, aquellos que sólo miraron, enmudecidos, cómo saqueaban a los estados sin intervenir de forma alguna.

Hoy hay muchos más que tres tristes tigres señalados por el desaseo de sus administraciones recién concluidas. La clave para que la oxidada maquinaria de procuración de justicia se haya puesto en movimiento lo fue únicamente la alternancia del partido en el poder. De no haber sido triunfadores los candidatos de partidos de oposición en cada uno de esos estados, nada absolutamente habría sucedido con ellos. La pregunta sigue siendo la misma: ¿Devolverán algún día lo robado? ¿Aprenderán otros la lección o sólo estamos frente a un proceso de simulación de impartición de justicia más? El tiempo se encargará de darnos la respuesta.