Una decisión ‘estúpida’
Dime con quién te juntas y te diré quién eres…
Propiedades que yo llamaría hasta ‘bendiciones’ y que el futbol mexicano desaprovecha o no se da realmente cuenta del valor que pueden tener: ¿Cuántas Ligas, cuántas federaciones en el mundo pueden competir en dos confederaciones diferentes al mismo tiempo? ¿Cuántas industrias futbolísticas tienen un peso (y no hablo de la devaluada moneda) pasional y, por ende, comercial tan específico en el ánimo de dos naciones, una de ellas, por cierto, la economía más grande y poderosa del mundo?
Pero parece que queremos desperdiciar, desechar, dilapidar y no cuidar las bondades y los tesoros que rodean a este futbol.
La Copa Libertadores es una de las maravillosas ocasiones que el futbol mexicano tiene para competir y para medirse ante un nivel de juego más desarrollado y la Copa América es otra ocasión para que la Selección compita ante futbolistas, selecciones y climas que le puede dar un termómetro apropiado para medir sus virtudes y sus carencias. Pero como ocurre en la mayor parte de las ocasiones en que los dirigentes de este futbol deben tomar una decisión se imponen radicalmente los intereses económicos-comerciales por encima de los intereses deportivos.
Para entenderlo con más claridad: Dejar la Copa Libertadores es una de las mayores “estupideces” en la historia del futbol mexicano. Y es o puede ser, como lo dice Emilio Maurer, el directivo que abrió el puente del futbol mexicano con el sur del continente, el inicio de algo peor: la separación definitiva de México de los torneos sudamericanos.
México es el único país del mundo cuyo futbol podía darse el lujo (porque es un lujo) de competir en dos confederaciones diferentes. La Concacaf, que te ata a su nivel, a sus carencias, a sus pobrezas, a sus altas y bajas, a jugar como se hizo el martes por la noche en una cancha enfangada, con un equipo que proponía poco y que tiraba patadas al por mayor. Y en peor situación está el torneo de clubes del área: ¿Contra quién se compite más o menos? Quizá ante los clubes estadounidenses que han crecido o ante los costarricenses que siempre son combativos, pero hasta ahí nada más. La decisión de dejar la Libertadores aleja a los clubes mexicanos de jugar en Brasil, en Argentina, en Uruguay, en Chile, donde realmente existe otro nivel competitivo en la cancha.
Está claro que para los dirigentes que cuidan el dinero lo más fácil es refugiarse en el ‘calor’ de la Concacaf y no arriesgarse a los ‘temporales’ que puede ofrecer la alta competencia sudamericana de clubes y selecciones.
Hemos tomado, otra vez, el camino fácil, el seguro, el de nuestra ‘zona de confort’, ahí donde nos sentimos seguros, donde nadie nos toca, donde podemos ser el ‘Gigante’ más falso del mundo y el eterno invitado al Mundial de Clubes.
El futbol mexicano piensa mediocremente y aquel que piensa así, termina siendo un mediocre.