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Una generación privilegiada...

Columna David Faitelson 31-01-2017

Fue una madrugada apoteósica. Los dos llevaron más allá de la cancha su talento, su majestuosidad y, yo diría, que hasta su arte. El tenis se volvió pequeño cuando Roger Federer y Rafael Nadal se batían en una interminable sucesión de derechas, reveses, saques de gran poder, tiros con efecto, voleas, dejaditas, velocidad, reacciones, inteligencia y destreza. Dos de los más grandes jugadores de todos los tiempos brindaban un recital de juego. El suizo con sus acordes clásicos y el español en sus ritmos alborotados. Al final, la jornada australiana reclamaba a un ganador, pero había más de uno, había cientos, millones, una generación entera que tendría que sentirse aliviada y satisfecha de haber sido testigo de tal fantástica y épica batalla.  

Lo que sucede es que a veces perdemos la dimensión de las cosas. Parece tan común para nosotros, como ver el amanecer de un nuevo día, o quizá, como sentir la fuerza del viento sobre nuestra cara. Se ha vuelto tan usual y tan cotidiano que hemos perdido la capacidad de asombro ante lo que estamos atestiguando: parte de la clase más pura y profunda en la historia del deporte y quizá también de la humanidad.

Verdaderos artistas del campo, de la duela, de la pista. Que salen a hacer su trabajo y lo llevan a niveles extraordinarios, transportándonos, casi siempre, a la misma pregunta que muchas veces no encuentra respuesta: ¿Es el mejor de todos?

Y despertamos con un futbolista que semana a semana se reinventa y es mejor de lo que fue en el partido anterior. Lionel Messi ha rebasado los parámetros normales de un gran futbolista. Hoy está ahí, presente en el ‘miedo’ que tienen algunos de pronunciarle como el mejor futbolista de todos los tiempos, no vaya a ser que esa afirmación lastime alguna de las neuronas que se quedaron con Pelé, con Maradona, con Cruyff, con Di Stéfano o con alguno de los otros consagrados.  

Cerca, y al mismo tiempo lejos de él, un futbolista como Cristiano Ronaldo, al que las estadísticas y los hechos apoyan rotundamente, pero donde las formas parecen lejos del ‘10’ que juega con la camiseta blaugrana. Cristiano sólo tiene un ‘defecto’: haber jugado en la misma época que Lionel Messi.

El maravilloso mundo del deporte nos permite seguir por un laberinto majestuoso de grandes condiciones técnicas, físicas, mentales y yo diría que hasta artísticas: ¿Es LeBron  James el más grande atleta que jamás haya jugado al basquetbol? Sé muy bien que cuando digo basquetbol emergerá enseguida la figura de Michael Jordan, pero… ¿Realmente Jordan dominó el juego como lo ha hecho LeBron? Y si seguimos buscando, encontramos: los expertos creen que Tom Brady, quien jugará el fin de semana su séptimo Super Bowl, ha dejado rezagado a muchos otros jugadores y quarterbacks que reclamaban el derecho de ser los mejores de la historia. ¿En qué lugar ponemos a Brady? ¿Le seguimos guardando un respeto y hasta una reverencia justificada o injustificada a Joe Montana?

Y quedan más, porque hemos sido afortunados en la época del florecimiento de grandes atletas: Usain Bolt reclama con justicia un sitio como el mayor de los deportistas de la pista y el campo. El hombre más rápido del mundo está por afrontar la parte final de su extraordinaria trayectoria. ¿Quién nos dice que no ha sido el mejor de todos? El tenis ha aportado una generación brillante: Roger Federer, quien se niega a pasar la estafeta, seguido por Rafael Nadal, Novak Djokovic y hasta Andy Murray. Todos esos nombres tendrán un sitio especial en la historia del llamado deporte blanco, pero… ¿No es Federer, tras lo acontecido el fin de semana, el más grande de todos?

Comparar épocas es siempre una labor complicada y que generalmente toma un camino donde es fácil chocar de frente ante la injusticia, pero tampoco podemos relajarnos demasiado y suponer que todo lo que vemos es común, es cotidiano, es porque es y punto. No podemos perder nuestra capacidad de asombro, porque algún día vamos a arrepentirnos de no haberlos disfrutado y reconocido más. Messi, Cristiano, LeBron, Brady, Usain, Federer y otros que se asoman en nuestra generación. Algún día los llamaremos por nombre y apellido y también por el rango que verdaderamente les corresponde en el maravilloso túnel del tiempo del deporte.