Unión contra la violencia
Nadie imaginó que desde el gremio arbitral existiera un acto de solidaridad y unión muy complejo de apreciar en otros sectores del balompié nacional, para no ir más lejos, en el de los futbolistas.
Fueron los jueces, y con justa razón, los que se cansaron del manoseo por parte de los dirigentes y buscaron desde la dignidad, justicia ante la violencia.
Que los árbitros se equivocan y mucho, es cierto, pero eso lleva siendo así desde hace décadas y ojo que no busco justificaciones, sino sentido común; lo que sucede es que hoy la inmediatez de la tecnología nos da para seguir incrementando entre todos el deporte nacional de hablar mucho más de los réferis que del juego en sí. Porque ahí es más sencillo guardar nuestras frustraciones.
Pedir justicia en un deporte que tiene un altísimo rango de error en la toma de decisiones es más un acto pasional que racional, porque el mismo juego nunca ha buscado perder la esencia de la falla, es más, muchos defienden y se vanaglorian de la continuidad de este deporte y su naturaleza, claro, hasta que la primera decisión del juez ya no agrada.
No hay partido que deje contento a alguien el trabajo arbitral, porque el futbolero tiene ‘per se’ un delirio de persecución a sus intereses.
Que los árbitros deben y pueden mejorar en su trabajo, seguro, quién no. El asunto consiste en que nadie merece por más infame, regular, mediocre, polémica o mala que sea su actuación laboral en cualquier ámbito de la vida, recibir un golpe. Nadie.
Lo que ellos quieren es justicia apegada a reglamento, desean un castigo ejemplar y tipificado en un papel que vive en la FMF; buscan hasta ahora equidad y respeto a su investidura y a su físico; jugándose varios de ellos la carrera ante las posibles represalias de los poderosos.
Está claro que en este juego el negocio es inmenso y los intereses variados, pero no se puede dejar de lado lo básico, las reglas mínimas de convivencia, aquellas que desde el diálogo son capaces de solventar en la mayoría de los casos, una molestia o una diferencia de pensamiento.
Que en México como sociedad veamos como algo curioso, anecdótico, valiente o hasta normal, no respetar en muchas ocasiones a la autoridad, no quiere decir que estemos haciendo lo correcto, independientemente de las formas o maneras que el emisario de la justicia formule.
Porque aquellos que no son capaces de hablar, de exponer ideas o de discutirlas y prefieren ir por la cavernícola acción de agredir físicamente, se tienen que alejar no sólo del futbol, sino de la comunidad.