Uno no es ninguno
Dicen que a la distancia y gracias a la perspectiva que con ello se obtiene, los problemas suelen apreciarse de manera diferente. Encontrándome a algunos miles de kilómetros de casa al momento de preparar esta colaboración, esperaba encontrar argumentos que matizaran mi juicio sobre aquello que hoy domina la percepción de mis connacionales en torno a los principales problemas de violencia, corrupción e impunidad que aquejan al país.
Supuse ilusamente que durante mi ausencia, al abrir la síntesis informativa del día, me encontraría con la noticia del cese del Secretario de Comunicaciones y su natural sujeción a proceso. No sólo nada de ello sucedió, sino que cuando creía haber sido testigo de los más grotescos actos de impunidad y de burla a la sociedad civil, me enteré, con absoluto azoro, del anuncio dado por la SCT informando que ya no sólo habrá un Paso Exprés en Morelos con socavón mortal, sino que se construirá un segundo Paso Exprés, ahora llamado ‘viaducto’, por encima del primero, toda vez que, como consecuencia de las nefastas condiciones en que fue construido el inicial, a cargo de una empresa contratista beneficiaria de múltiples proyectos de obra pública licitada por la propia SCT, con injustificable sobreprecio, éste no es ya reparable. Uno no es ninguno, dirían los clásicos. A este nuevo proyecto de asignación directa se le destinarán otros 350 millones de pesos más, por lo que, al finalizar esta obra de alta ingeniería carretera, propia de un país en el más absoluto subdesarrollo, cada uno de los 14 kilómetros construidos habrá tenido un costo individual de ¡10 millones de dólares!
De haber existido un Fiscal y Magistrados designados en el ‘nuevo e inoperante’ Sistema Nacional Anticorrupción, el asunto del Paso Exprés habría sido un ‘boccato di cardinale’ (bocado exquisito) para dar inicio formal al mismo, del cual difícilmente habrían salido bien librados todos aquellos implicados en una de las obras carreteras que mayormente han evidenciado los gravísimos problemas de corrupción, sobreprecio, carencia de planos y/o proyectos ejecutivos, materiales de ínfima calidad, y lo peor, ausencia absoluta de responsables en todos los niveles de entidades y/o empresas participantes, tanto federales, como estatales y privadas. Mientras nuestros Senadores turistean con sus familias en millonarios viajes por Fiji, en el Pacífico Sur, o Pontevedra, España, previa escala y alojamiento en Villa Magna, el hotel más lujoso y caro de Madrid, en donde alegremente departía la avanzada de los señores senadores hace apenas unas semanas, las iniciativas que realmente podrían tener un impacto favorable en la sociedad duermen el plácido sueño de los justos, máxime cuando éstas puedan llegar siquiera rozar, afectar o disminuir el amplísimo espectro de los privilegios de los que la clase política es la única beneficiaria.
Alan García, Rafael Callejas, Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Luiz Lula da Silva, Elías Antonio Saca, Mauricio Funes, Ricardo Martinelli, Otto Pérez Molina y Ollanta Humala (así como su esposa), tienen dos elementos en común: todos son expresidentes y/o están en la cárcel o han sido procesados por corruptos junto con sus gabinetes. En esta ya no tan corta lista faltan nombres y países por añadir.