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Usar el maratón para entrenar

Columna Vero Velázquez 2 de septiembre de 2016

El domingo pasado se corrió la 34ª edición del Maratón de la Ciudad de México, un día antes de la competencia los organizadores sabían que había 35 mil corredores inscritos. 

A cuatro días del evento, aún no se sabe el dato exacto del número de finalistas. Esto sucede en los maratones más grandes del mundo y la razón es que se tienen que ‘limpiar’ las bases de datos de corredores y eliminar de la lista a los que iniciaron, pero no terminaron o que arrancaron de algún punto diferente a la línea de salida. Este año, todos los que corrieron llegaron con bien a la meta, o a algún punto del recorrido. 

El asunto es que aún no sabemos el número de corredores que realmente corrieron los 42.195 kilómetros, y las razones por las que no se corre la distancia completa son justamente lo que levantó polémica entre los corredores, que iniciaron la discusión un día antes en las redes sociales, y la continuaron durante la carrera y después. 

El Maratón de la CDMX ocurre en una fecha en la que muchos están en preparación para los maratones de Chicago, Nueva York o Berlín, y se encuentran en el pico de entrenamiento. Generalmente coincide con los entrenamientos de distancias largas, lo que lo hace muy conveniente para usarlo como ‘entrenamiento’. 

El problema es que estos corredores no necesariamente están conscientes de las implicaciones que representa que no hagan la competencia completa. Yo misma lo he hecho, y nunca había pensado en las consecuencias de no correr la distancia entera, empezando por el impacto que generan los corredores que no pagan la inscripción (eso no lo he hecho, no se preocupe, estimado lector). 

El principal riesgo es que los organizadores tienen contemplado determinado número de recursos, desde abastecimiento, hasta elementos de seguridad y los corredores que aprovechan el recorrido (sin pagar su inscripción), definitivamente están fuera de este cálculo y complican la ecuación. Otro problema que genera quien corre sin número es que en caso de alguna emergencia médica, ayudarlo puede volverse muy complicado, ya que no se tendría ninguna información.

Pero asumamos que todos los que hacen sus 33 km de entrenamiento en el maratón sí se inscriben y tienen ‘derecho’ al agua y bebida isotónica, o al apoyo de paramédicos. Aun así, estos corredores pueden causar problemas para otros corredores que entrenaron durante meses. El problema más importante es que estorban (disculpe que lo diga así, pero así es) para los que están tratando de mejorar su marca que son la mayoría, para los corredores elite que necesitan una ‘pista’ vacía, para definir a los ganadores, porque hay quien se ‘introduce’ en el trayecto justo después de los corredores profesionales y logran llegar a la meta en los primeros lugares; porque los organizadores tienen que hacer mucho trabajo para depurar la base de datos y poder tener las estadísticas del maratón, y esto último, estorba para que el maratón empiece a tener la calidad que exigimos.

Aún cuando le acabo de decir las razones por las que creo que esto está mal, me encuentro en tremendo dilema. Pienso que quien paga la inscripción tiene derecho a correr y a tomar su vasito de agua. Incluso quien no paga inscripción está en su legítimo derecho de correr por las calles, pero aprovecharse de los recursos del maratón, ya es otra cosa. 

Hay que considerar los muchos participantes que no terminan el maratón, aún cuando esa era su meta. Estos corredores también van a ser depurados de la base de finalistas, pero lo que los distingue es que sí empezaron a correr en la línea de arranque. Esa  puede hacer una diferencia radical, y la única forma en la que veo que podamos hacer una ‘distancia de entrenamiento’ dentro del maratón sin estorbar. Aun así, tengo sentimientos encontrados. 

Si realmente creemos que es válido entrenar en un maratón, hagámoslo desde el punto de arranque, en el corral que corresponde, junto a los que corren a nuestra velocidad y que no necesitarán brincarnos. Hagámoslo sin estorbar, tomando lo que nos corresponde. Y si no llegar a la meta es sinónimo de no tomar medalla, dejemos la medalla para quien sí hizo el esfuerzo de correr los 42.195 kilómetros. ¿Trato?