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Opinión

Luis García

El Doctor une el amplio conocimiento deportivo con un estilo propio. Sus geniales comentarios que lo han hecho referente de la TV tienen también su lugar en nuestro diario.

Ricardo Ferretti: 500

2022-01-11 | LUIS GARCÍA
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Sin exagerar ni un ápice, celebré tus 500 triunfos en el futbol mexicano como si fueran propios, desde el primer día que te conocí, yo tenía 22, tú 38 años, supe que eras un fantástico y sobresaliente docente.

Mi primer contacto contigo fue tú como auxiliar, o supuesto auxiliar del gran Miguel Mejía Barón y los Pumas, y escribo supuesto, porque en medio de Hyde Park en Londres, en plena pretemporada, tuviste que apagar tu cigarro porque se te comunicó que ya no serías parte del cuerpo técnico, ahora serías parte del equipo, situación que todos festejamos y agradecimos.

Desde ese día empecé a recibir de ti brutales, gratas y esclarecedoras lecciones, las cuales aplico hasta la fecha y la enseñanza a la que más acudo fue cuando me dijiste que para trascender en cualquier tipo de profesión u oficio, debía tener claro tres conceptos.

El primero ¿quién soy?, conocer perfectamente mis virtudes y miserias. Segundo ¿con quién juego?, conocer virtudes y miserias de mi gente cercana. Tercero ¿contra quién juego?, saber perfectamente a quién voy a enfrentar, sus cosas buenas y malas.

Otro de los pasajes que recuerdo como si fuera ayer, fue cuando regresamos de Europa y tú ya totalmente incorporado y ejerciendo de jefe en el primer equipo como jugador de Pumas, te ibas trotando desde el vestidor del estadio de Ciudad Universitaria hasta la Cancha 2 en donde entrenábamos, mientras que los demás subíamos caminando o en coche.

En un tono de mofa te cuestionamos por qué subías corriendo cuando podrías hacerlo cómodamente en algún coche, tu respuesta fue lapidaria, al final del año yo habré recorrido múltiples kilómetros que me servirán para incrementar mi capacidad aeróbica y anaeróbica, se vino un largo e incómodo silencio, nos liquidaste.

Sigamos con las clases que me regalaste, en mis inicios en Pumas yo lograba encontrar posición de remate con suma facilidad, pero mis definiciones eran precipitadas, torpes y terriblemente aceleradas, hasta que un día me agarraste en solitario terminando un entrenamiento, y me dijiste con dulzura y dureza a la vez, cuando estés dentro del área, pierde un tiempo antes de definir, esta indicación reforzada con ejercicios diarios supervisados por ti, cambiaron el rumbo de mi carrera, tal cual.

Un enorme gesto que tengo presente y que identifica perfectamente quién eres, fue por ahí del inicio de la Temporada 1990-91, cuando fuimos campeones con la Universidad Nacional, yo había iniciado el campeonato metiendo algunos goles y era el líder de goleo.

Era la Jornada 8 o 9, jugamos ante León de local, cursaba el minuto 40 del primer tiempo más menos, penalti en nuestro favor, el cobrador oficial por su eficacia y liderazgo era Alberto García Aspe, ya tenía el balón en sus manos y se dirigía al punto de cobro, tú te le acercaste y le dijiste que me dejara cobrar, que me deberían ayudar a buscar el campeonato de goleo, Beto refunfuñó, no podría ser de otra manera, siempre osco, un gran y educado tipo, pero bravo, aun así me dio la pelota.

Yo cagado de miedo me enfilé ante Marco Antonio Ferreira, el arquero de los verdes, cerré los ojos y tiré por en medio de la portería, gol, no recuerdo haber festejado mucho, no entendí bien qué sucedió.

Ganamos el partido y recién puse un pie en nuestro vestidor me agarraste del cuello y me llevaste al cubículo de Beto para que le agradeciera el haberme dejado cobrar el penalti, ese eres, impecable y consciente en tus resoluciones.

Y la última de las lecciones que me gustaría señalar, me otorgaste cientas más, pero necesitaría utilizar toda la edición de RÉCORD para contarlas todas, me dejó clara tu percepción y conocimiento del juego.

Duelo ante Irapuato en el mítico Estadio Sergio León Chávez, íbamos ganando 3- 1 a la mitad del segundo tiempo y yo no había tocado la pelota, entonces decidí bajar 30 metros de mi posición para participar de la posesión de balón, la segunda ocasión que se me ocurrió retrasarme de mi zona de influencia, me pegaste un descomunal grito que casi se me caen los pantalones cortos.

Vete al carajo de aquí, qué mierda haces aquí, quédate arriba, allá te vamos a llevar la pelota para que anotes goles me gritaste, al final metí tres pirulos.

Eras y eres una especie de Merlín, un mago que siempre sabe qué pasará. No eres un ser humano inmune a las fallas, te has equivocado varias veces, nadie está exento de ello, pero eres un hombre a carta cabal, con un sentido de servicio y de ayuda inigualables.

Fui sumamente afortunado de que te hayas cruzado en mi camino, naciste, vives y morirás en un vestidor, en una cancha, cercano a la pelota, no existe un sitio mejor para ti, y tus 500 triunfos así lo confirman.

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