El optimismo y el orgullo de Guillermo Almada por enfrentar al FC Barcelona se transformaron en una pesadilla logística en el Spotify Camp Nou. Lo que el estratega uruguayo señaló como el error crítico a evitar en la previa, terminó siendo la sentencia de muerte para un Real Oviedo que parece no encontrar el rumbo hacia la salvación.

La advertencia ignorada
En los días previos al encuentro, Almada fue tajante al analizar las carencias de su equipo. Tras el amargo sabor de boca dejado en el partido contra Osasuna, el técnico enfatizó que la concentración era el único camino para salir con vida de la Ciudad Condal.
"Si ante el Barcelona cometemos las mismas distracciones que cometimos ante Osasuna lo pagaremos carísimo. También sé que es uno de los partidos más disfrutables de la temporada y estamos orgullosos de ser parte de esa fiesta del futbol", declaró el exentrenador de Pachuca.
Sin embargo, la "fiesta" fue exclusivamente azulgrana. A pesar de un inicio donde el bloque defensivo del Oviedo logró resistir los embates locales, los fantasmas de la desconcentración volvieron a aparecer en el peor escenario posible.

Errores en la salida: El pecado capital
El plan de Almada se desmoronó por errores propios. El Barcelona no necesitó de genialidades imposibles para abrir el marcador; le bastó con presionar la salida de un Oviedo errático. Los dos primeros goles del encuentro llegaron tras pérdidas de balón en territorio comprometido, precisamente las "distracciones" que el técnico había prohibido en el vestuario.
El 3-0 final refleja la superioridad del conjunto culé, pero sobre todo, la fragilidad psicológica de un equipo que, bajo la presión, termina ejecutando exactamente lo que su entrenador teme.

El abismo de la Segunda División
Con este resultado, el efecto Almada sigue sin dar los frutos esperados en la tabla general. Tras cinco partidos al mando, la situación es crítica:




