El capitán cobarde
En la noche del 13 de enero del 2012, cuando una enorme embarcación italiana denominada “Concordia”, encalló frente a la isla de Giglio, en la región de la Toscana. En la peor tragedia acontecida a un naviero italiano, murieron 32 personas y más de 60 resultaron lesionadas. Francesco Schettino, capitán del navío, fue uno de los primeros en abandonarlo, dejando varados a su suerte a miles de pasajeros mientras el barco se hundía. La justicia italiana lo condenó a 16 años de cárcel, llamándolo el “capitán cobarde”.
Agustín Carstens ha sido el economista más robusto (en el más amplio sentido de la palabra) y confiable del sistema financiero del gobierno mexicano de los últimos años. Ocupando todos los cargos públicos posibles y los de mayor jerarquía, desde el año 2010 se desempeña como Gobernador del Banco de México, habiendo sido reelecto en 2016 para un segundo término que culminaría en el año 2021. Carstens es uno de los economistas más respetados del mundo, cuya única razón para no haber sido designado Director del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue tener un pasaporte mexicano.
Inesperadamente, Carstens anunció a principios de este mes que renunciaba al banco central por haber aceptado la invitación para ser el Gerente General del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) con sede en Basilea, Suiza, una posición de la misma jerarquía y trascendencia del FMI. Reconoce que, durante la audiencia con Enrique Peña Nieto para comunicarle tal decisión, éste le pidió que no la hiciera pública aún por el delicado momento que atraviesa la economía nacional y el impacto que provocaría en los mercados financieros. Estando en proceso de formación la tormenta perfecta, que incluye la baja en los precios del petróleo, la reducción en las expectativas de la tasa de crecimiento, el incontrolable y cotidiano “deslizamiento” de la moneda mexicana frente al dólar y la cada vez más cercana toma de protesta de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, la noticia de la renuncia de Carstens, sumada a todos esos factores negativos, provocó, como era de esperarse, desconfianza, nerviosismo y una reacción adversa de los inversionistas y mercados nacionales y extranjeros.
Previendo lo que sucedería, ¿era absolutamente indispensable para Carstens hacer pública su renuncia en diciembre, no obstante que será efectiva hasta el 1 de julio del 2017? Para los especialistas del ramo financiero, Carstens abandona precipitadamente un barco llamado México, encallado desde hace años y con claras evidencias de hundimiento, anticipando la tormenta que se avecina. Por ahora, sálvese quien pueda, y Carstens parece haberlo logrado. El tiempo será el encargado de juzgar la pertinencia de su decisión.
¡Toca ahora probarme el “esmoquin” azul pastel que renté, porque yo también iré a los XV años de Rubí!